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Compañía
Israel Galván: ‘La metamorfosis’
Teatro
Lope de Vega
Jueves
21 de septiembre, 21 horas.
HUNGARIAN
ROCK

Israel Galván
Israel Galván,
punta de lanza de la vanguardia flamenca en el baile, estrena ‘La metamorfosis’.
Otras cosas no cambian, como el otro cante de Curro Malena esa misma noche.
‘Hungarian Rock’
es la primera pieza de Gyorgy Ligeti que se escucha en ‘La metamorfosis’, referente
principal –junto a Luigi Nono, Cristobal Halffter o Bela Bartok- en la música
que transcurre entre paréntesis paralelos al flamenco. Violines. Zumbidos.
Alas de flamenco. Israel Galván adopta la postura de una mantis religiosa
y devora. Es devorado.

Israel Galván
Lleva al extremo
al bailaor cubista que asomaba en ‘Los zapatos rojos’, obra que estrenaba en la
pasada Bienal con mayor espectro escénico en sus matices futuristas (hasta
de Marinetti) y el mismo equipo, con Pedro G. Romero ampliando los colores del
collage musical y Manuel Soler más metido en su papel de diablo tentador
y bailaor. ‘La metamorfosis’ reproduce en blanco y negro el arte de la insinuación.
Antes de la transformación
de Israel Galván en Gregorio Samsa muestra escenas familiares (¡con su
familia real!) basadas en otro relato kafkiano: ‘Preparativos de un boda en el
campo’: su padre José Galván, su madre Eugenia de los Reyes y su
hermana Pastora Galván se turnan por tangos y bulerías con los bloques
de guitarras que dirigen, luchando contra el sonido, el sevillano Rafael Rodríguez
por un lado y el catalán Chicuelo por otro. El maestro José Galván,
por gracia y ritmazo, se gana ovación cerrada.
Enrique el Extremeño
canta una soleá que Israel baila con ejemplar variedad, infinita, de tics
asombrosos: un leve movimiento de caderas, unos centímetros de hombro,
un brazo sin terminar… Su ironía sale a las claras por tangos, quebrados
desde las bulerías. Cuando el telón anuncia el fin de la primera
parte, Israel Samsa escucha un sonido extraño y esboza el bicho que (su
inquietud) lleva dentro y que, largamente, en la siguiente hora y media, se encargaría
de metamorfosear. Violines, tacones. Espasmos de muñecas insectívoras.
Un impresionante
vídeo con música original de Enrique Morente con Lagartija Nick
y su hija Estrella es seguido por un irritante chirrido, caja de grillos que abre
la transformación. Surrealista: una bailaora negra (Nicolia Morris, la
hermana), una enorme (Rocío Coral, la madre, hija de Matilde) y el maestro
Soler haciendo de padre espoleador se intercalan en el sonido de la mutación
desgarradora (secciones de cuerda crispada) y bailan, por este orden, sevillanas
bíblicas, seguiriyas de Armenia, marianas, tanguillos, romeras, peteneras,
soleá… Al cante, Encarna Anillo, Ana Real y Enrique el Extremeño,
quien despide la obra cantando "Él no es quien era / ni quien debería
ser" y apuntalando, con la agonía del insecto, la transformación
de un nuevo Israel Galván.
Curro
Malena e Inés Bacán: ‘Flamenco a dos’
Teatro
Alameda
Jueves 21 de septiembre, 24 horas

Inés Bacán
Curro Malena suda
la camisa, pero cada vez se alivia más. Su potencia por alegrías
y fandangos naturales no llega al pellizco (tan caro en esta Bienal), que sí
alcanzó intermitentemente por soleá (se relame en la Alcalá
de Mairena), seguiriyas con sus cabales y la lección de bulerías
por Lebrija, Utrera, romances y Jerez. Le tocó la guitarra su hijo Antonio
Malena, quien acompañó también a Inés Bacán
en su cuerda de tientos tan pastosos y soleá tan de crema que oparece mentira
que le salga el cante y no se coagule de inmediato. Como las seguiriyas de Enrique
Ortega, Joaquín Lacherna y Manuel Molina. Como sus fandangos, bulerías
y tonás de agradecimiento.

Curro Malena
Luis Clemente
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