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Compañía
Antonio el Pipa: ‘Puntales’
Teatro
de la Maestranza.
Domingo 24 de septiembre, 21 horas
LA
OSTENTACIÓN
Para estrenarse
como coreógrafo, el ídolo jerezano Antonio el Pipa se rodea de jóvenes
imberbes y tretas efectivas.




Cuarto de hora
de aplausos. Empalago de saludos, con barrocas genuflexiones y besos soplados
y suspendidos como punto final al exageramiento que provoca la imitación
de sí mismo. Se gusta. Y se comienza por el final, por la ronda de tonás
que rasga la impactante voz de Tía Juana, dobla Luis Moneo y Manuel Tañé
quiebra caminando, tercer cantaor de la noche.

María del Mar Moreno
Multitud. Gusta
y se rodea del cuerpo de baile del Taller Flamenco de la Compañía
Andaluza de Danza, siete chicos y cinco chicas misma talla (corta, 16 y 17 años)
haciendo la pasarela por primera vez en un escenario. A las guitarras de Antonio
Jero y Juan Moneo se añade la de José Luis Montón, autor
de la música original, quien se queda solo con El Pipa para la sofisticada
farruca con la que despereza sus largas extremidades. Ostentoso. (Este es, incomprensiblemente,
el espectáculo más caro de la Bienal). Si Israel
Galván estudiaba
los insectos, Antonio para sacar pecho observó a los palomos de la plaza
de Jerez.

María del Mar Moreno
Alrededor de Tía
Juana, cantando por soleá, bailaban los siete ("pipitas") insuflando
el espíritu jondo de clonación. Dejan sola a María del Mar
Moreno y ondulada suaviza el cliché… pero al levantarse de pronto de la
silla, a Tía Juana le rebotan las cascarillas de su voz.

María del Mar Moreno
Tras cantar unos
tangos para que baile El Pipa con las cinco niñas, Manuel Tañé
se desaprovecha en la "pimpinelada flamenca" que canta con Felipa de
Moreno, balada con luna llena sobre tres guitarristas. Fue el comienzo de tórridos
romances: cuando se los cantan, Antonio y María del Mar causan fervor,
sobre todo Antonio con su ‘Doble sentir’, pues al fin se le hace foto con mantón,
que en la despedida cuelga como una capa subrayando su denominación de
origen principesco.

María del Mar Moreno
"Son bailaores,
con chorreras y lunares de tos colores, porque son bailaores". De genética
homogénea y por alegrías. Los echa Milagros Menjíbar, con
su baile lento y sentido. Con las manos espanta las motas de polvo que su bata
levanta.
Tía Juana
se baila, sobra y basta en la soleá por bulerías. La franja del
velo ronco de su voz la deja sin matices. Sale Antonio con levita y levita. Se
gusta. Al bailar las cantaoras por bulerías comienza el fin de fiesta,
con Antonio en el vértice de todos para concluir el mismo espectáculo
de siempre (ya se llame ‘Vivencias’, ‘Recital’ o ‘Generaciones’) con el que panteoniza
un poco más el flamenco.
Luis Clemente
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