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Ballet
Nacional de España
Teatro
de la Maestranza. Sevilla
Martes, 26 Septiembre.
FLAMENCO
ACUÁTICO
(EL GIRO DEL NENÚFAR)
Cuentan que paseaba
el escritor por Sevilla cuando le pregunta a su acompañante: "¿Cómo
se llaman estas flores tan bonitas que flotan en el agua?" "Son nenúfares
–le responden-, a los que usted tanto canta en sus versos".

¿Cómo se
llama? Flamenco, eso que tantas veces ha bailado el Ballet Nacional de España.
Con esa imagen se levantaba el telón: sirenas-nenúfares flotan sobre
el agua musical de Paxariño se levantan con el repicar de sus castañuelas
y acaban cinco parejas por tangos bailando a lo zíngaro. A ‘Nereidas’,
coreografía en mitología del primer bailarín Antonio Najarro,
le seguía una de Antonio
Canales
creada simplemente
para el bailaor Jesús Córdoba en ‘Soledad’: ante los diez músicos
baila soleá por bulerías con acrobacias y estilo, no para tan solista,
con mal sonido y Pedro Ontiveros (saxo) y Juan Pablo Muñoz (violín)
destacando entre el discreto patrás.

De repente, una
pantalla emite un No-Do (informativo cinematográfico) imaginario y sigue
Canales coreografiando, ahora al servicio de Aida Gómez, excelente bailarina
y directora del BNE, en el único estreno dentro del espectáculo
escoltada por José Huertas y Luis Ortega bajo espíritu tablao: zambra
de Caracol
que ella baila
camaleónica de piel pálida para ponerse en la de Carmen
Amaya
y, cambiándose
de pantalones, pasando de tangos a bulerías, se centra en las cantiñas
con mirabrás, apuntes de humor de Cádiz en ‘Mirabrazo’: "Ay
mire usted qué gracia tiene este ballet".

De bailarines,
no bailaores. La segunda parte recoge, bajo el título de ‘Oripandó’,
cuatro coreografías de Adrián Galia
(tanguismo
con epílogo de las nueve parejas del cuerpo), Israel
Galván
(indefinido,
deslucido), Isabel Bayón (guajira con bata de siete colas) y Currillo (canción
por alegrías de Ascensión Angulo), más el arremolinado final
por tangos.

Aquel No-Do era
una especie de "making of" (y ya van varios emitidos en la Bienal) autopromocional
que estaba de más, con un ridículo remate encaminándose al
tren de alta velocidad: "Viajar al sur siempre sienta bien". Bajemos
y hagamos flamenco bailarín, de circunstancias, hagamosnos los flamencos
girando como nenúfares, haciendo aguas.
Luis Clemente
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