Eva la Yerbabuena
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Compañía Eva la Yerbabuena: "5 mujeres 5"

Teatro Lope De Vega
Jueves 28 de septiembre, 21 horas

La mujer minuciosa: la primera, 'Eva', fue estrenada en la pasada Bienal mostrando el paladar flamenco de La Yerbabuena, que ha estado dos años paseando la obra por el mundo en más de cien funciones. El nuevo estreno, más refinado, interiorista, muestra a una Eva omnipresente en su tuétano de formas. Pocas como ella saben estar quietas en el escenario.

La mujer paciente: Eva, que lleva 20 de sus 30 años bailando, reposa en un sillón mientras el público toma asiento. Con una soprano se levanta bajo el primer sentimiento ('Amor') que acaba dirigiendo el cuerpo (de baile de blanco) en la 'Ambición', donde entran esos cantes primitivos, la trilla, el polo. Ella lidera y una luz blanda endulza parcialmente a los músicos.

La mujer enajenada: tercer movimiento, 'Soledad paralelo', ella en su sillón con proyecciones encima, suena una guitarra flamenca y la soprano ligera (Conxita García) canta una fina murciana que Eva acaba retorciendo en el sillón. Se recita, se proyecta, se desespera y en la única coreografía ajena, 'De locura', de Latorre, quien trabajó intensamente en 'Ombra' con Hansel Cereza de La Fura dels Baus, aquí en la dirección escénica, hay focos intermitentes a compás, desolada por tangos. Fluida ocupación del escenario por los nueve bailaores, sin la misma talla ni copiándose unos a otros. Sorpresas, corte abrupto, soprano con guitarra. Soledad.

La mujer sufrida: 'Hoyo de las agujas', el momento: Eva sola por seguiriyas bajo tres cantes grandes de Enrique Soto, Segundo Falcón (ambos mucho mejor que la noche anterior con Miño) y Arcángel, que sólo ha cantado en esta Bienal para Isabelita Bayón y Eva. Seguiriyas de cámara lenta, alargadas con recursos inesperados y un poco de fiesta, pero acaba derrumbada en el sillón. Con una caricia de la soprano. Han pasado sólo 70 minutos, algunos de ellos los más sobresalientes de lo que llevamos de Bienal. Personal bailaora.

La mujer única: bajo el arreciar de aplausos, después de haber atravesado con su baile tantos sentimientos femeninos, un detalle: el beso que deja en los labios de su marido, guitarrista y director musical, Paco Jarana, cuando las cinco evas se convierten en una.

 

Luis Clemente

 

"Dialogos en La Alameda"

José de la Tomasa y La Tabala

Teatro Alameda
Jueves 28 de septiembre, 24 horas

Extraño cartel de cierre del ciclo 'Flamenco a dos' que abre La Tobala por malagueña-rondeña y soleá por bulería, con dos alegrías, unas clásicas y otras a su manera, personalizadas con la guitarra de Pedro Sierra (también marido, también director musical), quien la encauza hacia los tangos, fuerte de Juana la Tobala, composiciones elaboradas que se estribillan por bulerías. Tal que un recital de Sierra, mientras La Tobala termina de grabar su quinto disco.

Si esta cantaora discurre paralelamente a El Barrio, José el de la Tomasa comienza dando recuerdos a la Alameda donde nació y parte de "malagueñas con connotaciones de Cádiz" y "el cante de la plenitud, la soleá". Moldea sus propias letras ("unos dicen que Triana, otros dicen que Alcalá, cualquiera sabe dónde está el misterio de la soleá"), es más lineal por Levante, en las seguiriyas ("el himno nacional de mi familia") no hizo quebrar las columnas y no se despidió del todo por bulerías, sino por "cantes puros de Triana", martinetes demostrativos de que podía haber cantado todo el tiempo sin micro. Y cierra con cuatro fandangazos de su estilo. Acompañado siempre excesivamente cerca de José Luis Postigo, el hijo de La Tomasa y Piesplomo, es tan poderoso que da coraje, aunque arañe la garganta cuando es preciso. Dialogante con el público, termina dejando recuerdos a Pastora Pavón, que vivía en la misma calle del teatro.

 

Luis Clemente

 

 
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