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Miércoles
16 de Agosto.
XV Festival de Cante de Las Minas. La Unión.
Juventud
y lámparas mineras

Salvador Salas
Comienza sin
sorpresas el Concurso de las Minas de La Unión
Lo primero que
se oyó fue una levantica en la noche tibia. La tocaba Francisco Javier
Jimeno, el joven y eficiente guitarrista oficial de un concurso que llega a su
edición número 40 con 22 participantes a la búsqueda de los
16 premios tras haber realizado pruebas de selección por la geografía
española entre los 80 cantaores, 25 guitarristas y ocho bailaores inscritos,
con una sorprendente media de edad que no supera los 24 años.
"La Unión,
para cantar bien por Levante, de Cartagena a La Unión", comenzó
diciendo Manuel Calderón como un huracán –a sus fogueados 20 años,
desde Barcelona- que compite para la Lámpara Minera, máximo galardón
del festival al mejor cante por mineras.

Gabriel Expósito
De Alicante y acamaronado
llegaba Francisco Navarro con taranto, cartagenera y la siempre arriesgada taranta
de la Gabriela. A la categoría de malagueñas se presentaba el cordobés
Manuel Grande, que fue el único de la jornada que no interpretó
cantes mineros y definió su mejor perfil de joven cantaor de concurso en
la serrana con su macho.
Sebastián
Contreras y Salvador Salas fueron los dos últimos cantaores y los de más
edad de esta primera noche, ambos de la provincia murciana. Con el primero pudimos
escuchar, antes de un breve taranto, por martinetes, al más profundo y
profesional de la noche; el segundo cerró con granaína y media de
vibración marchenera.
En cuanto a los
guitarristas, parecía que los tres se habían puesto de acuerdo para
tocar tarantos y alegrías. El madrileño Antonio Reyes mostró
tantas ganas como delicadeza; Francisco José López Velez, de Málaga,
tocó sin apenas descuadrarse ni salirse del camino de Paco con segura pulsación,
mientras que el de mayor habilidad fue, con diferencia, el cordobés Gabriel
Expósito, de 20 años.
Sólo un
concursante por día para el baile, y el primero le tocó a Alfonso
Losa, que llegaba desde Madrid con amazacotado taranto-tangos y soleá con
un divertido detalle al rompérsele el tacón. Una jornada introductoria
sin pellizcos apenas en un flamenco que ya no quiere guarecerse en el cuévano
de las lámparas de aceite.
Luis Clemente
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