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"A
veces, cuando oigo flamenco, me arrodillo. Mi corazón se encoge y luego crece
antes de volver a encoger"
Miles
Davis
Los cantes minero-levantinos:
El flamenco más oriental.
Acerquémonos a las tierras flamencas del levante español, en las
provincias de Almería y Murcia, y a la historia de los cantes y toques que en
ellas se han ido configurando.
Están
hoy plenamente reconocidos como factores determinantes de la definitiva estructuración
de los cantes minero-levantinos, los masivos flujos migratorios que durante todo
el siglo XIX marcaron las concentraciones demográficas y urbanas que fueron estableciéndose
en torno a las cuencas mineras de Linares, La Carolina, Almería y su sierra de
Gador y Cartagena-La Unión. Cuando la primera gran crisis de la minería almeriense,
en las primeras décadas del pasado siglo, se produjo una corriente migratoria
espectacular. Riadas de mineros almerienses fluyeron hacia el norte, en dos direcciones:
el levante murciano y el interior peninsular, por cuencas mineras de Jaén. En
ambas comarcas se habían producido numerosos descubrimientos de grandes yacimientos
mineros, y el trabajo en ellos se ofrecía a cualquiera que llegaba. En tierras
de Cartagena y La Unión la nueva fiebre minera se produjo a partir de 1840, y
su auge se iba a mantener durante décadas.
La
avalancha de foráneos fue tal que la población autóctona quedó sumergida por ellos
en proporción de ocho a uno, permaneciendo, desde entonces, su relevancia demográfica
y sociológica en la comarca unionense. Ello es notorio en casi todas las manifestaciones
cotidianas de la vida en La Unión actual: el habla popular de rasgos similares
a la almeriense-, la frecuencia y preponderancia de apellidos oriundos de la zona
almeriense y, cómo no, en nuestros cantes y toques.
Así,
partiendo de la primitiva taranta almeriense, los referidos flujos migratorios
provocaron la mezcolanza y cruce que se hizo de aquellos originarios cantes con
los respectivos fandangos locales, destaca en esta síntesis el papel activo en
todo este proceso de la vida tabernera de los mineros, la extensión y proliferación
en La Unión y Almería de los "cafés-cantantes" y, por último, el enriquecimiento
personal que aportaron a estos palos los matices estilísticos de Antonio Grau
Mora "Rojo el Alpargatero" y Antonio Chacón.
Para
ilustrar esta explosión sociológica de avalancha migratoria, cante, mina y taberna,
basta reseñar que hacia la mitad del pasado siglo existían, tan sólo en la calle
Mayor de La Unión, hasta un total de dieciséis cafés-cantantes, algunos de los
cuales no cerraban ni de día ni de noche.
Los
cantes mineros de La Unión, en definitiva, existen con personalidad propia desde
hace, aproximadamente, siglo y medio, gracias al mestizaje cultural y humano que
proporcionó el flujo migratorio entre Almería y esta ciudad murciana.
El
festival nacional del cante de las minas de La Unión.
Si bien los cantes mineros de La Unión se encontraban perfectamente configurados
desde el siglo pasado, hacia la mitad del XX padecían una decadencia que hacía
peligrar su propia supervivencia, fomento y divulgación. En efecto, la crisis
minera de esta época que convirtió a La Unión en un pueblo casi fantasma-, la
poca comercialidad de estos palos donde están ausentes el compás y la melodía
fácil y la propia crisis general del arte flamenco, dieron lugar a que los cantes
mineros de esta zona se enfrentaran a un auténtico peligro de extinción.
En
este contexto visita La Unión, en 1960, Juanito Valderrama, quien ya era un consagrado
artista nacional y conocedor del universo flamenco, en su triunfal actuación en
el poblado minero y, ante las reiteradas solicitudes de los espectadores para
que interpretase las composiciones más comerciales de surepertorio, Valderrama
echó en cara a los unionenses su carestía de sensibilidad jonda, otros días a
flor de piel, al no saber defender los cantes autóctonos de este pueblo.

©Paco
Sánchez
Afortunadamente, un reducido grupo aficionados de La Unión recogió el desesperado
llamamiento de Valderrama, y puso en marcha el "I Festival Nacional del Cante
de las Minas", en 1961. La primera convocatoria, que se celebró en la Terraza
Argüelles el 13 de octubre de 1961, congregó a un número notable de cantaores.
Vence Antonio Piñana, que bebió directamente de las fuentes primogénitas del cante
minero, recogiendo la herencia honda de Rojo el Alpargatero, a través de su hijo
Antonio Grau Dauset.
El
Festival del Cante de las Minas ya había echado raíces. Desde entonces se han
ido sucediendo las XXXIX ediciones de forma ininterrumpida, consolidando el certamen
y tornándolo en una de las citas flamenca anual más importantes del mundo.
En
paralelo a la programación propiamente dicha, la Organización del certamen procura
llevar a cabo cada año la producción, edición y distribución de un compact disc,
que recoge las actuaciones grabadas en directo de los concursantes finalistas
de cada edición. Así, el aficionado o coleccionista puede ir completando, año
tras año, una discografía que recoge lo que ya es la historia sonora completa
del certamen.
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