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DE TEXTURA Y PAPILAS FLAMENCÓLICAS
Fernando González-Caballos
Domingo
12 de agosto, 2001
XLI Festival de Cante de Las Minas. La Unión
Carmen
Grilo
Rafael Amargo: "Amargo"
La tercera gala del XLI Festival del Cante de las Minas de la Unión permitió
a los asistentes saborear las diferentes y en ocasiones contrapuestas posibilidades
que puede llegar a ofrecer una música como la flamenca. De esta manera,
la velada programada para la noche del domingo 12 se movió entre la dulzura
del cante de Carmen Grilo y el Amargo baile de Rafael.
Un
mundo tan imprevisible como el flamenco, suele gastar esta suerte de paradojas
rompiendo los arquetipos al hacer que una joven jerezana, de apenas 17 años,
haga saltar la liebre el día en que estaba llamada a interpretar el papel
de Cenicienta. Todo el mundo sabe lo odiosas que pueden llegar a resultar las
comparaciones, por lo que en un momento comercialmente tan voraz -en el que estrellas
con más marketing de la cuenta dejan el camino sembrado de espinas a quienes
no tienen tan buenos padrinos-resulta de lo más reconfortante sentarse
a oír una voz tan dulce y personal como la de Carmen Grilo. Pero no vayan
a creer que fue esa la única sorpresa de la noche, ni muchísimo
menos. José Quevedo, El Bolita, llegó a la Unión un año
después de que el jurado no hubiese alcanzado a entender la dimensión
artística que atesoran sus manos. De manera que, los mismos que lo hicieron
sentirse incomprendido, tuvieron que tragarse sus palabras y rendirse ante la
exquisitez de un toque al que el tiempo, el que todo lo rige, terminará
poniendo donde los jurados de los concursos quisieron impedir.
La
farruca galleguiña sirvió a la pareja para abrir la velada rompiendo
el hielo, poco antes de que, la hermana menor del bailaor más en forma
de Jerez parase las manillas del reloj por tientos. Aunque para lujos, los derramados
por la sonanta del Bolita con un cambio a tangos funkero-rockero, con el que Pastora
Pavón cruzó el puente de Triana para salir al encuentro de la Panaera.

Foto: José
Albaladejo
¡Ah!
y vayan tomando nota los aficionados a la lírica de vanguardia porque esta
joven es capaz de esputar por alegrías letras como: "Si yo tuviera
jurdó, compraría un keli pa viví juntos los dos". Justo
ahí, en ese punto intermedio entre lo clásico y lo moderno se encuentra
la clave personalísima de un estilo capaz de poner los bellos como bastones
al más papista. Sobre todo cuando recurre al patrimonio seguiriyero de
Jerez y los Puertos con Francisco La Perla, El Marrurro y cambio de María
Borrico.
El
más difícil todavía llega cuando la bajañi de su compañero
se atreve a sacar los pies del tiesto para apuntarle en tono de taranta una salida
a la que la malagueña de Chacón que la conduciría por aquellas
tierras al encuentro de una cartagenera. Unos minutos antes de que, las bulerías
de Santiago y los fandangazos de Chocolate terminasen de levantar de la silla
a los más incrédulos. Y ahora que vengan los ganaconcursos uno detrás
de otro, o el amargo baile de un granaino que ni siquiera tuvo agallas para presentar
en La Unión el espectáculo que estaba anunciado. Eso sí,
al menos tuvo la habilidad de cargar la responsabilidad de la adaptación
sobre las espaldas de Montse Cortés para ganarse el favor de un público
aficionado a los efectismos canalísticos del danzarín. Su desigual
comparecencia fraguó los mimbres de un éxito al que un servidor
no puede poner puntos ni comas, ya que hay ocasiones en las que un crítico
tiene que rendirse a la evidencia de un patio de butacas completamente en pié,
a pesar de no compartir el júbilo de esa mayoría. Pero vaya por
delante mi desacuerdo con la manera de entender el baile por seguiriyas que Amargo
puso sobre las tablas, porque ser campeón del mundo de zapateao y hacer
un monumento al baile masculino son dos cosas bien distintas. ¡No sé
si me explico!
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