MARIO
MAYA, TODA UNA VIDA
Fernando González-Caballos
Lunes
13 de Agosto, 2001
XLI
Festival de Cante de Las Minas. La Unión
Programa:
Laura Vital
José Mercé: Aire
La
noche se las prometía muy felices porque la gala de las galas estaba a
punto de comenzar. El Ayuntamiento y la organización del Festival Internacional
de Cante de las Minas de la Unión volvía a rendir un homenaje -y
este si que fue en toda regla- a el bailaor y coreógrafo Mario Maya Fajardo.
Parco en palabras, "porque lo mío es el baile" el maestro quiso
agradecer públicamente el reconocimiento del festival a una carrera que
le ha ocupado toda una vida. Desde su debut con Manolo Caracol, pasando por la
época que estuvo en la Compañía de Pilar López hasta
conseguir labrarse un nombre dentro del mundo del flamenco junto a su compadre
El Güito y Carmen Mora en aquel legendario Trio Madrid. Todo el mundo conoce
hoy la carrera de este cordobés criado en pleno Sacromonte granadino. Posiblemente
su obra sea mucho más importante de lo que algunos creen, ya que montajes
como "Camelamos Naquerar"( queremos hablar) han contribuido a que una
etnía marginada hasta hace muy poco tiempo haya conseguido hacerse respetar
en una sociedad pluricultural como la actual. Seguramente la deuda que José
Soto Soto y todos los gitanos tienen con Mario sea directamente proporcional a
las cifras de venta que mueve el mercado discográfico del flamenco y la
ignorancia de quienes, subidos en la cresta de esa ola que es la fama, no recuerdan
la historia de su pueblo y de aquellos que lucharon por darle el sitio que merecía.

Foto: José
Albaladejo
Sin
embargo, José Soto Soto es mucho más que un
cantaor flamenco, es José Mercé, un fenómeno
social que sin ninguna duda ha superado en popularidad a
todos y cada uno de sus predecesores, para llegar a convertirse
con el paso del tiempo en algo parecido a una rock and roll
star.
Decía
un conocido filósofo del lenguaje, alemán
para más señas, que los límites de
la palabra son también los límites de la realidad,
es decir, que aquello que no se puede contar no puede ser
posible. Quizás por ese motivo, el sentimiento que
hoy atenaza mis manos a la hora de describir lo sucedido
anoche, me haga dudar de que aquello no fuera una pesadilla.
¿Cómo
puede presumir la organización de un festival Internacional
como el de Las Minas de la Unión de tener una Catedral
del Cante y un público educadísimo? Cuando
gente de todas las edades y procedencias se habían
dado cita para ver a la máxima figura del cante en
una extraña gala, en la que una sonorización
de verbena de barrio y el incomodo hormigueo de un irrespetuoso
murmullo, marcaban la diferencia entre lo que fue y lo que
pudo haber sido. El programador tuvo la felíz idea
de colocar a la flamante ganadora del premio Bienal 2000
como telonera del jerezano,vamos, que la gala del día
13 iba a ser poco menos que un duelo de titanes.
Con
todo y con eso, José demostró estar curtido en mil batallas y tener
un cofrecillo lleno de recursos para hacer bueno ese dicho que reza "a mal
tiempo, buena cara", a pesar de levantarse notablemente contrariado varias
ocasiones. El de Santiago conoce la profesión como pocos, por eso tiene
la talla artística que tiene. Así que después de moverse
por soleá entre Alcalá y Jerez y demostrar saber donde se encontraba
al rasparse un taranto y unos fandangos del Bizco Amate y El Gloria, dejó
al público con su grupo. El sonido hizo pasar un calvario a Diego del Morao
en los tangos y montó el mingo en "Aire" con los continuos acoples.
La alcoba y la mosca, hizo estallar al público en un clamor que lo único
que lograba era impedir oír cantar a José. La Rocayisa de Moraito
Chico, sirvió de alivio al cantaor momentos antes de hacer la archiconocida
versión por bulerías de "Al Alba". "La Vida Sale",
"Pendiente", bulerías -con pataíta incluida- como despedida
y dos bises de su anterior éxito "Del Amanecer" sirvieron como
rúbrica al artista de moda a su paso por la Unión.