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LAS
ROSAS Y LAS CAMELIAS
Fernando González-Caballos
Martes
14 de agosto, 2001
XLI Festival de Cante de Las Minas. La Unión
Mayte
Martin : "Querencia". (Cante)
Maria Pagés: "Flamenco Republic" (Baile)
La última
gala del Festival del Cante de las Minas de La Unión comenzó una
hora y media más tarde de lo que estaba anunciado porque, como viene siendo
habitual en esta XLI edición, los desajustes técnicos volvieron
a provocar un nuevo retraso en las actuaciones de Mayte Martín y María
Pagés. Sin embargo, mereció la pena esperar pacientemente porque
a la última fue la vencida.
Por
primera vez en lo que va de festival, los dos espectáculos programados
fueron un éxito en conjunto y por separado, porque ya se sabe que, "las
rosas y las camelias no se pueden comparar".

Foto: Anahí
Cármody
La
ganadora de la lámpara minera en 1987, Mayte Martín, venía
a presentar su último trabajo discográfico -Querencia- después
de varios años sin comparecer por una tierra "que me trae muy buenos
recuerdos". Así que como estaba alegre, decidió comenzar por
bulerías con -Ten cuidao- una copla de Rafael de León y el maestro
Solano. Por vidalita, quiso dedicarle el cante al maestro Valderrama, antes de
irse a la puerta de toriles para agarrar una petenera -"pobre copla difamá"-
por los cuernos y brindársela A Pastora. "Un par de cantes por malagueña"
con 'Del Convento las Campanas' -de Don Antonio Chacón- y remate por rondeñas
sirvieron a Mayte para demostrar que se encuentra en un estado de forma excepcional.
El buen hacer de Juan Ramón Caro en el toque de acompañamiento sirvió
para que la portentosa afinación de la cantaora encandilara a la audiencia
con una salida en la que una personalísima dicción le permitió
rasparse el gaznate por seguiriyas -al 6 por ½- con el Reniego yo de Cagancho,
antes de meterse hasta los mismos tuétanos en el cambio del Pena. Fandangos
y un recorrido por cantiñas, desde Utrera -con el Pinini y Manuel de Angustias-
hasta Cádiz, con remate por los titirimundis sirvieron de adelanto a un
preciosa versión para violín -compuesta por la propia Mayte- de
la petenera a Pastora. Fue entonces cuando José Luis Montón -al
toque- y Marc Miralta -a la tabla india- se sumaron a la fiesta para ponerle soniquete
a unas bulerías a las que el público respondió con un aplauso
que se prolongó durante casi diez minutos.
"Estoy
,estoy,
bueno,
ya que estoy aquí voy a cantar un poquito por levante ¿no?".
Dicho y hecho, porque ni corta ni perezosa, regaló al respetable una taranta
y una minera con las que se retiró del escenario. Sin embargo, el publico
estaba disfrutando tanto que no paró de aplaudir hasta que la hizo salir
de nuevo para cantar por bulerías, dando un repaso al cancionero femenino
por obra y gracia de Juana la del Revuelo, Fernanda de Utrera y la Niña
de los Peines, entre otras.
Le
llegó así el turno al baile de María Pagés con su
Flamenco Republic, un espectáculo que ha cosechado muy buenas críticas
por todos y cada uno de los teatros en los que se ha presentado. Saber sacar todo
el jugo a los límites técnicos y las reducidas dimensiones de un
escenario como el de La Unión, es un merito añadido ante el cual
hemos de descubrirnos, dado el dominio y habilidad exhibidos por la bailaora y
su compañía durante el transcurso del espectáculo.
El
joven tocaor de la Macarena, Rubén Lebaniegos, -premio nacional en el Concurso
de Córdoba- fue el encargado de hacerse con las riendas musicales del espectáculo,
bajo la atenta mirada del siempre genial Manolo Soler. A pesar de que aún
se le nota demasiado mecánico y frío, supo estar a la altura de
las circunstancias, al hacerse responsable de las composiciones hechas por Cañizares
para un montaje que es cualquier cosa menos pecata minuta. Los tiempos de una
bulería por soleá sirvieron para que la compañía al
completo acompañase a la Pagés en su primer baile, antes de quedarse
sola con un garrotín en el que enarboló sus brazos y supo marcar
los tiempos con los espasmos de su cadera. El mantón para las alegrías,
sirve de improvisado biombo para que la bailaora se cambie de traje y baile por
tangos, farruca y rumbas. No obstante, el cante por tonás de Rosalía
de Triana y la seguiriya de Manuel Vallejo -sonando en la pizarra- sirvieron a
María Pagés para dejar sus mejores estampas de la noche, a pesar
de que fuese en el divertido tramo final donde el público más disfrutó
con los roneos y piques de una improvisada fiesta.
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