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La dualidad. El jazz y el flamenco
La decantación por uno u otro estilo también fue un proceso
fruto de la fluidez. "Como me he declarado, soy un músico vocacional.
Y eso quiere decir que me apasiona la música. En ese aspecto no he cambiado
desde que era niño. Me gustaba cualquier cosa cuyo sonido me cautivara:
me dan igual unos djembés que una guitarra tocada por Niño Ricardo,
que una banda de jazz, que zarzuela. Cualquier música que captara mi atención
era buena". Los contactos del conservatorio fueron decisivos, "colegas
que estaban uno en un grupo de rock, el otro en un grupo de folk, que se estilaba
mucho en esa época, un pasacalles... y eran todos estudiantes de música".
Pero más aún un anuncio por palabras: "El jazz ocupaba un ínfimo
porcentaje de este ambiente, pero encontré un anuncio en un periódico
que decía "Si te gusta el jazz, vente al aula de música de
la Escuela de Ingenieros Industriales", que está al lado del Museo
de Ciencias Naturales". Y allá que fueron: "Con Ángel
Carrero y Santi el Pelucas un día fui y, en efecto, había un grupo
de estudiantes universitarios -que en aquella época eran los que hacían
ese tipo de música- con los que entré en contacto y me metí
en el mundillo del jazz".

Jorge Pardo en concierto con músicos africanos
Cuando empezó a escuchar algunos discos, se "abrió todo
un mundo, pues era la libertad que un artista necesita para crear, para hacer
algo, respirabas ese ambiente transgresor de aquella época, los últimos
años de la dictadura de Franco. Yo no es que haya estado nunca muy politizado,
pero en aquel momento no es que estuvieras politizado, es que había un
fervor social, sobre todo de la juventud, por encontrar otras formas que no fueran
las oficiales". De ahí que su "acercamiento a la música
diste del de quien ha salido de una escuela". Inevitablemente, "la circunstancia
social que vivía España en aquel momento me marcó bastante
en mi personalidad y en mi acercamiento a la música".
Los referentes de entonces eran, como viene siendo constante en Jorge Pardo,
de lo más variado: "Escuchaba a King Crimson y escuchaba a Coltrane
y escuchaba a Camarón y a Paco (de Lucía) ya en esa época.
Y escuchaba música clásica, también me gustaba la danza -iba
a espectáculos de danza- bien de flamenco o de otros géneros...
En mi etapa de estudiante me interesaba todo tipo de cosas, veía a los
grupos de rock que venían por aquí como Soft Machine... Casi no
sabría hacer memoria, pero prácticamente todo lo que se podía
oír".
¿Y el flamenco? "Como aficionado, me venía de haber escuchado
a Paco y Camarón en discos, de Lole y Manuel, de Juan Villar, de Lebrijano,
de Enrique de Melchor, de Sorderita... las cosas que estaban en ese momento más
cercanas en una capital como Madrid". La imaginación no daba entonces
para pensar "que yo algún día iba a hacer flamenco con un instrumento.
Y eso sucedió algunos años más tarde en uno de esos encuentros
con Paco", cuando el guitarrista algecireño propuso a Dolores entrar
con él en estudio para grabar algo para 'La danza del fuego' en un disco
homenaje a Manuel de Falla: "Nos metimos en el estudio y salió lo
que salió que, de hecho, fue sin duda la base en cuanto a sonido de lo
que ha sido posteriormente el septeto de Paco".
La etiqueta de Jorge Pardo es dual: jazz y flamenco. "Hay sensaciones
cruzadas, es como preguntar que a quién quieres más, a papá
o a mamá". Sin embargo, ciertos factores inclinan la balanza de un
lado: "Yo siento el flamenco más cercano a mí ahora mismo.
Es el ámbito en el cual me expreso, son mis compañeros, es mi consecuencia,
es mi casa. Soy consciente de que soy de casa, pero de los raros de casa. A Jorge
Pardo le gusta, no obstante, ir aún más allá de la dualidad:
"Seguiría añadiendo etnias e historias diferentes, como es
mi relación con el mundo de la música brasileña, no lo puedo
evitar, como es mi relación con la música del Magreb, tampoco lo
puedo evitar. Tengo gente ahí querida y que significan y tienen un peso
muy grande, quizás no tanto como el flamenco o el jazz... Y tampoco puedo
olvidar mi amor por Bach".

El trío. Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino
di Geraldo
¿Y te han preguntado dentro del flamenco de dónde vienes...?,
"¿y de dónde eres?, ¿y de quién eres hijo? Al
principio, como era un poco insólito y el apellido Pardo no es muy dado
en el flamenco, me emparentaban con una saga de guitarristas Pardo de Madrid,
muy buenos profesionales. ¿No tendrás nada que ver con los Pardo?".
Pero esas inquisiciones nunca han llegado a incomodar: "La gente del flamenco
es magnífica, sin olvidar que es una merienda de perros, como el mundo
es en sí. Es gente con sentido del humor y, aunque parezca mentira, hay
solidaridad ahí dentro, hay valores muy sencillos y muy humanos dentro
de esa familia. Soy el raro, pero eso lo digo yo, es una reflexión mía,
no es que me hayan dicho nada... aunque puedes sentirlo a veces".
Quizás el rechazo viene más de parte de los vecinos... "Quizás
para mucha de esa gente, que vive muy en su microcosmos y casi ni apareces en
sus pensamientos, ni en sus sueños... igual en sus pesadillas". Sin
acidez, Jorge Pardo explica que "me parece que esa gente también a
su manera cumplen una misión que, para mí, sin comerlo ni beberlo
es positiva: mantener una llama, un arte vivo, a su manera". Y considera
que "lo bonito en el arte es que cada uno dice lo que piensa y se ha acabado.
Las demás consideraciones empiezan a ser un poco estúpidas... cada
uno dice lo que siente y lo que piensa y si uno dice, pues este tío no
me gusta, pues está muy bien también, siempre respetando".
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