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Jorge Pardo
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Jorge Pardo
"2332"


d'3
"Directo"

 

 

La dualidad. El jazz y el flamenco

La decantación por uno u otro estilo también fue un proceso fruto de la fluidez. "Como me he declarado, soy un músico vocacional. Y eso quiere decir que me apasiona la música. En ese aspecto no he cambiado desde que era niño. Me gustaba cualquier cosa cuyo sonido me cautivara: me dan igual unos djembés que una guitarra tocada por Niño Ricardo, que una banda de jazz, que zarzuela. Cualquier música que captara mi atención era buena". Los contactos del conservatorio fueron decisivos, "colegas que estaban uno en un grupo de rock, el otro en un grupo de folk, que se estilaba mucho en esa época, un pasacalles... y eran todos estudiantes de música". Pero más aún un anuncio por palabras: "El jazz ocupaba un ínfimo porcentaje de este ambiente, pero encontré un anuncio en un periódico que decía "Si te gusta el jazz, vente al aula de música de la Escuela de Ingenieros Industriales", que está al lado del Museo de Ciencias Naturales". Y allá que fueron: "Con Ángel Carrero y Santi el Pelucas un día fui y, en efecto, había un grupo de estudiantes universitarios -que en aquella época eran los que hacían ese tipo de música- con los que entré en contacto y me metí en el mundillo del jazz".


Jorge Pardo en concierto con músicos africanos

Cuando empezó a escuchar algunos discos, se "abrió todo un mundo, pues era la libertad que un artista necesita para crear, para hacer algo, respirabas ese ambiente transgresor de aquella época, los últimos años de la dictadura de Franco. Yo no es que haya estado nunca muy politizado, pero en aquel momento no es que estuvieras politizado, es que había un fervor social, sobre todo de la juventud, por encontrar otras formas que no fueran las oficiales". De ahí que su "acercamiento a la música diste del de quien ha salido de una escuela". Inevitablemente, "la circunstancia social que vivía España en aquel momento me marcó bastante en mi personalidad y en mi acercamiento a la música".

Los referentes de entonces eran, como viene siendo constante en Jorge Pardo, de lo más variado: "Escuchaba a King Crimson y escuchaba a Coltrane y escuchaba a Camarón y a Paco (de Lucía) ya en esa época. Y escuchaba música clásica, también me gustaba la danza -iba a espectáculos de danza- bien de flamenco o de otros géneros... En mi etapa de estudiante me interesaba todo tipo de cosas, veía a los grupos de rock que venían por aquí como Soft Machine... Casi no sabría hacer memoria, pero prácticamente todo lo que se podía oír".

¿Y el flamenco? "Como aficionado, me venía de haber escuchado a Paco y Camarón en discos, de Lole y Manuel, de Juan Villar, de Lebrijano, de Enrique de Melchor, de Sorderita... las cosas que estaban en ese momento más cercanas en una capital como Madrid". La imaginación no daba entonces para pensar "que yo algún día iba a hacer flamenco con un instrumento. Y eso sucedió algunos años más tarde en uno de esos encuentros con Paco", cuando el guitarrista algecireño propuso a Dolores entrar con él en estudio para grabar algo para 'La danza del fuego' en un disco homenaje a Manuel de Falla: "Nos metimos en el estudio y salió lo que salió que, de hecho, fue sin duda la base en cuanto a sonido de lo que ha sido posteriormente el septeto de Paco".

La etiqueta de Jorge Pardo es dual: jazz y flamenco. "Hay sensaciones cruzadas, es como preguntar que a quién quieres más, a papá o a mamá". Sin embargo, ciertos factores inclinan la balanza de un lado: "Yo siento el flamenco más cercano a mí ahora mismo. Es el ámbito en el cual me expreso, son mis compañeros, es mi consecuencia, es mi casa. Soy consciente de que soy de casa, pero de los raros de casa. A Jorge Pardo le gusta, no obstante, ir aún más allá de la dualidad: "Seguiría añadiendo etnias e historias diferentes, como es mi relación con el mundo de la música brasileña, no lo puedo evitar, como es mi relación con la música del Magreb, tampoco lo puedo evitar. Tengo gente ahí querida y que significan y tienen un peso muy grande, quizás no tanto como el flamenco o el jazz... Y tampoco puedo olvidar mi amor por Bach".


El trío. Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino di Geraldo

¿Y te han preguntado dentro del flamenco de dónde vienes...?, "¿y de dónde eres?, ¿y de quién eres hijo? Al principio, como era un poco insólito y el apellido Pardo no es muy dado en el flamenco, me emparentaban con una saga de guitarristas Pardo de Madrid, muy buenos profesionales. ¿No tendrás nada que ver con los Pardo?". Pero esas inquisiciones nunca han llegado a incomodar: "La gente del flamenco es magnífica, sin olvidar que es una merienda de perros, como el mundo es en sí. Es gente con sentido del humor y, aunque parezca mentira, hay solidaridad ahí dentro, hay valores muy sencillos y muy humanos dentro de esa familia. Soy el raro, pero eso lo digo yo, es una reflexión mía, no es que me hayan dicho nada... aunque puedes sentirlo a veces".

Quizás el rechazo viene más de parte de los vecinos... "Quizás para mucha de esa gente, que vive muy en su microcosmos y casi ni apareces en sus pensamientos, ni en sus sueños... igual en sus pesadillas". Sin acidez, Jorge Pardo explica que "me parece que esa gente también a su manera cumplen una misión que, para mí, sin comerlo ni beberlo es positiva: mantener una llama, un arte vivo, a su manera". Y considera que "lo bonito en el arte es que cada uno dice lo que piensa y se ha acabado. Las demás consideraciones empiezan a ser un poco estúpidas... cada uno dice lo que siente y lo que piensa y si uno dice, pues este tío no me gusta, pues está muy bien también, siempre respetando".

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