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Los orígenes. Flauta de champú
a la brea
Desandar el reloj para buscar orígenes supone sumergirse en una nebulosa
en la que la casualidad funciona al mismo nivel que factores como la lógica
o la naturaleza. De cómo Jorge Pardo elige la música como contexto
vital exige un autoejercicio de sinceridad, pues para "indagar en la verdad,
hay que remontar atrás y las sensaciones son confusas". La evidencia
es declararse "de esos músicos vocacionales", lo cual significa
que "me aproximo a la música por puro placer, por atracción".
En aquel momento, cuando apenas contaba quince o dieciséis años,
la intencionalidad era mínima, pero "la profesión vino muy
alentada". Con esa edad aún limítrofe con la niñez,
"ya me empiezan a contratar en algunos sitios y entonces las dos cosas vienen
sumadas: te gusta la música y encima se puede ganar un dinerito. Este es
el cóctel explosivo que me hace decir que la música era lo mío".

Málaga, años 70
La elección del medio fue fruto del mismo método. Jorge Pardo
cuenta que, "como cualquier españolito de a pie, el primer instrumento
fue una guitarra que cayó por Reyes. Es muy típica la historia".
Derivar de las seis cuerdas a la flauta y el saxo tiene en la búsqueda
de lo atípico su explicación: "Supongo que precisamente por
eso, porque nos reuníamos varios aficionados a tocar la guitarra, empecé
a pensar en otros instrumentos. ¿Por qué tanta guitarra?".
La historia de la consecución de la primera flauta de Jorge Pardo es
digna de narración: "Trabajé durante tres meses de verano -era
estudiante en aquella época- vendiendo por las casas estos lotes de jabón,
crema para las manos, champú a la brea, a cinco duros el lote, con jabón
de glicerina. Mira cómo me acuerdo. Y con el dinero que ahorré ese
verano me compré mi primera flauta".
Y de la flauta... al saxo. "El saxo fue una consecuencia profesional,
casi por defecto, porque como flautista no te comías un rosco. Y sabía
que para todos los que tocaban flauta y trabajaban en diferentes espectáculos
en jazz o cualquier otra música, lo típico era doblar flauta y saxo.
Y se puso a ello "con ganas también".
La manera de hacerse con las claves del lenguaje musical vino tanto por vía
académica como callejera: "Fue una fusión, una mezcla, un mestizaje,
como ha sido todo lo demás. Hubo un acercamiento académico deliberado
por mi parte, de decir "yo quiero aprender a hacerlo bien desde el principio",
pero la realidad era que en la enseñanza académica no me enseñaban
nada de lo que yo quería aprender. Sin embargo, en la calle aprendía
lo que me interesaba aprender, pero nunca perdí con el rabillo del ojo,
aunque fuera un poco iconoclasta en ese sentido, cómo tocan o cómo
se hace la música más ortodoxa".
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