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Diego el Cigala presenta el
directo 'Diego el Cigala con Niño Josele'
Desde las cavernas de mañana
Silvia Calado Olivo. Madrid, noviembre de 2002
Quizás nunca veinte millones de personas digan yo estuve allí, como en el
mayo del 68 francés. Pero sirva la metáfora de Gran Wyoming (polifacético personaje
español que no es sólo showman y músico y actor y uno de los 18 chulos, sino que
además hace compás por bulerías), para subrayar la relevancia de 'Diego el Cigala
con Niño Josele', el directo que se ha marcado el cantaor madrileño en el Teatro
Real idem.

Diego el Cigala
dedica discos a los lectores de Flamenco-world.com
El maestro de ceremonias presentó, con desternillante solemnidad, como "flamenco
puro" una obra que "recoge tal cual la actuación del pasado julio, sin trampa
ni cartón, el suceso histórico de aquel momento". Atreverse con tal empresa entrañó
no poco riesgo. Javier Limón, productor del disco, explica que "nos la jugamos
a una sola carta, cuando lo habitual es que los directos se graben a lo largo
de una gira de conciertos: podía haber salido una mierda de disco o incluso ningún
disco. Simplemente, con que a Niño Josele se le hubiera bajado la segunda cuerda,
ya no vale nada. Hemos tenido una bendición".
¿Inspiración? ¿Tranquilidad? ¿Confianza? Según Diego el Cigala
fueron estos tres factores los que permitieron el afortunado
alumbramiento, a pesar de que, ciertamente, "el Teatro Real
impresiona bastante". Tanto el cantaor como el guitarrista
estaban "felices, centrados, a gusto", lo que unido al mutuo
entendimiento ponía el trabajo fácil aún con pocos preparativos.
El Cigala narra que "nos tiramos un par de días encerrados
para hacer una selección de los tres últimos discos y llevarlos
al directo. Tampoco soy de tirarme horas ensayando. Y José
y yo nos conocemos tanto que no puedo ponerme a ensayar con
él una bulería". El resultado fue que "en treinta minutos
preparamos el disco. Nos concienciamos de que teníamos que
salir a cantar, me dejé llevar por la inspiración, por la
tranquilidad y la confianza en nosotros mismos". Como apostilla
Wyoming: "Este es el único disco cuyo contenido dura más que
su preparación".
Niño Josele asegura que el secreto de la conexión se esconde
ojos adentro: "Acompañar a Diego para un guitarrista es un
reto porque es un hombre que cuando canta está muy influido
por su estado de ánimo. Unas veces está más triste, otras
más alegre, otras más nervioso... Nunca hace las letras iguales,
las cambia de sitio, te hace un giro en mitad de una letra,
remata antes. Como arriesga tanto, hay que estar al loro de
por dónde tira. Ni puedes dormirte ni confiarte. Y me gusta
mucho que, cuando está cantando, para adivinarlo siempre lo
miro a los ojos. Es una especie de confianza hacia la persona
porque como la mirada lo dice todo, ahí expresa lo que quiere
decir. Eso se hace sólo cuando te gusta mucho el cantaor y
te sientes a gusto con él. Diego tiene esas cualidades, ese
metal de voz tan bonito y esa cosa que te llega al alma de
verdad. Cuando hace un ay y lo dice de corazón tengo que corresponderle.
Ese acorde tienes que hacerlo para que se clave en el alma,
a tiempo con él".

Foto: Daniel Muñoz
Lo exitoso de esta primera experiencia hace barruntar proyectos
de futuro. Javier Limón cree que "todos los discos de flamenco
deberían ser en directo, aunque fueran dentro de un estudio".
Sin embargo, reconoce que "el estudio nos da unas posibilidades
de creación muy bonitas". Diego el Cigala y su productor están
de acuerdo en la manera de trabajar: "Hacer creaciones de
estudio y cada tres discos más o menos -en este caso se funden
'Undebel', 'Entre vareta y canasta' y 'Corren tiempos de alegría'-
hacer un directo para exponer cómo se presenta eso al público.
No todos los discos se pueden hacer en directo porque no habría
material suficiente, por ello es necesario recopilar material,
composiciones y repertorio para hacer un directo".
Arte contemporáneo
Esta demostración de dinamismo confirma las teorías expuestas
por Gran Wyoming durante el discurso de presentación del disco
en uno de los nobles salones del Teatro Real. 'Diego el Cigala
con Niño Josele' es "un disco muy didáctico, pues muestra
el flamenco de verdad sin necesidad de ir a los museos". Y
ello demuestra que "el flamenco no es una reliquia, sino una
música hecha ahora por artistas contemporáneos con los que
nos podemos ir a tomar cañas, pero con las mismas coordenadas
que en las cuevas de Altamira" (lugar donde, según el orador,
están los orígenes del género). Y señaló la importancia del
suceso -no sin antes criticar el desinterés del común de los
españoles por este arte y, por contra, loar el interés de
grandes artistas foráneos como Mick Jagger, Lenny Kravitz
o Alicia Keys- conminando a los asistentes a apreciarlo: "¡Disfrutémoslo,
encumbrémonos por encima de la mediocridad!".
Y, para ponerlo del todo fácil, Diego el Cigala y Niño Josele bajaron del estrado
para ofrecer un sorbito de lo que contiene el disco: flamenco sin aditivos...
lo que no expone ningún tipo de limitación. Javier Limón recuerda que "una semana
antes estaba cantando en la plaza de toros de Salamanca con Giovanni Hidalgo,
Paquito D'Ribera, Bebo Valdés... ¡La mejor banda de latin jazz! Veinte músicos
sin guitarra. Y a la semana siguiente estaba cantando en el Real con una guitarra
pelada. Esa versatilidad la tienen muy pocos artistas, porque hay que ser muy
gitano y muy puro y muy flamenco y a la vez muy buen músico". Sí, sí, pero nunca
antes de que el sol se esconda. Cantó una mijita por soleá, cantó fandangos, cantó
por bulerías... pero "¡qué fatiguitas por la mañana!".
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