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Manolo Sanlúcar, José Antonio Rodríguez, Manolo Franco y
Paco Serrano impartirán toque en el Festival de la Guitarra de Córdoba
Inmaculada
Aguilar y Javier Latorre se ocuparán de la enseñanza del baile
Alberto
García Reyes
La guitarra no es una excusa para visitar Córdoba. Es un aditamento.
Tras el mayo de las flores y los patios, del salmorejo y la tortilla
de casa Santos, de la feria y los toros, la ciudad se concentra en la Plaza
del Potro, camino de un viejo taller de artesanía. Manuel Reyes Maldonado
lija, a unos metros de una vieja posada, las maderas de palosanto que luego sus
manos convierten en instrumento de seis cuerdas. En la calle Armas está
el punto de partida de un paseo califal en los principios de julio. Allí
nace, quizás, la devoción de una ciudad hacia un instrumento al
que rinde tributo a través de un festival genuino, pionero y esencial.

Manolo Sanlúcar
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Todo en Córdoba está regido por la guitarra. Las seis cuerdas
de Juan Serrano marcan las horas por seguiriyas en Las Tendillas. El toque de
José Antonio Rodríguez recuerda a Picasso junto a la Orquesta que
dirigió Leo Brouwer. ¿Cuánto vale todo eso? Qué más
da. Valga lo que valga, Córdoba paga cada año el precio del culto
a la guitarra tirándose a la calle y al Gran Teatro para contemplar las
vibraciones de la descendiente de la vihuela. La reverencia no se dirige a la
música bajo ninguna de sus etiquetas geográficas. No. Aquí
la loa va dirigida a la música. Nada más. Nada menos. Todo lo que
sea capaz de fluir desde la boca de una guitarra, sea ésta del tipo que
sea, tiene cabida en este festival genuino, pionero y esencial.
Tan esencial es para un cordobés la oferta jazzística de Al di
Meola, John Mclaughlin o Larry Coryell como la templanza clásica de María
Esther Guzmán, Costas Cotsiolis o Víctor Pellegrini. Tan importante
es el sentimiento flamenco de Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía o Moraíto
como el baile de Israel Galván, La Yerbabuena o Manuela Carrasco al son
de las seis cuerdas de Andalucía. Córdoba no huye de nada -más
que de los prejuicios- y se abre de par en par a la armonía entre las culturas
a través del tañido de las guitas sobre la madera.
Cursos de formación
Mas aún este festival genuino, pionero y esencial se guarda un recoveco:
la docencia. Decía Séneca que no hay viento favorable para el que
no sabe donde va. Lo decía Séneca. Córdoba, su hija, heredó
el pensamiento. Y este año, como todos, el certamen guía a los ávidos
de sabiduría hacia el Norte del flamenco para que se paren ante él
y le metan los dedos en la llaga de la verdad. Manolo Sanlúcar, José
Antonio Rodríguez, Manolo Franco y Paco Serrano ahondarán en la
'Naturaleza y Forma de la Guitarra Flamenca' del 5 al 13 de julio. Inmaculada
Aguilar abordará la 'Técnica y coreografía del baile flamenco'
del 1 al 5 de julio. Y Javier Latorre tomará el testigo entre el 8 y el
12 del mismo mes, un intervalo temporal en el que Calixto Sánchez aprovechará
para trasladar las pautas de su profesión -es profesor de Primaria- a las
de su vocación como cantaor. También regalarán su saber al
alumnado el guitarrero Francisco Santiago Marín y los maestros Manuel Barrueco,
Rolf Lislevand, y los antedichos Costas Cotsiolis, Victor Pellegrini, Larry Coryell
y Leo Brouwer. Y conste en acta que todos van guiados por otra máxima del
senequismo: la recompensa de una buena acción está en haberla hecho.
El Festival de la Guitarra 2002 es suficiente regalo para quienes deambulan por
las cuerdas tensas del arte, porque es genuino, pionero y esencial. Qué
tres epítetos. Qué mil virtudes. Qué Córdoba. Nada
más. Nada menos.

Javier Latorre (Foto: Daniel Muñoz)
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