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Presentación del
disco de Ketama 'Dame la mano'
Un potaje de fraternidad
Silvia Calado Olivo. Madrid, 8 de mayo de 2002
La cueva de Manolo Caracol está cubierta de purpurina de antro hortera.
"¡Ay, qué lástima de Los Canasteros!", dice alguien.
Aquel tablao madrileño que dio momentos de gloria a Sordera, a Gaspar de
Utrera, a Farruco, a Mario Maya, a La Paquera, a Juan Habichuela... y a aquella
nueva generación que, entre bambalinas, experimentaba un flamenco transfronterizo.
Juan Carmona, El Camborio, era uno de ellos. José Soto, Sorderita, otro.
Y juntos, el embrión de Ketama. La criatura es ya moza y padre biológico
sólo tiene al de los Habichuela, pero no olvida qué hay bajo la
purpurina. Juan, Antonio y José Miguel, Carmona los tres, eligieron por
ello el garito actualmente bautizado como Polana para, como apuntaba el periodista
y productor José Manuel Gamboa -haciendo las veces de presentador junto
a Juan Verdú-, "invitar a darnos fraternalmente la mano" con
su nuevo álbum, el que hace el número doce en la discografía
del grupo madrileño.

Camborio, Antonio y Josemi Carmona (Foto Daniel Muñoz)
De la idiosincrasia del disco se encargaron de poner al tanto a la concurrencia
el dúo presentador. Con altas dosis de ironía y no menos control
de las artes propias de un teletienda, Gamboa y Verdú mostraron los dos
formatos con los que se va a premiar a los cincuenta mil primeros compradores
del disco -el del extinto LP y el disco libro- y, de paso, se va a intentar combatir
la piratería. El discurso no dejaba hueco a la duda: "Al Ministerio
de Cultura le toca el turno de ayudar a autores, músicos y discográficas,
que ya han demostrado su solidaridad con la inmigración", en referencia
a la ineficacia de la Administración en la lucha contra la venta de copias
ilegales.
De los tres Carmona, que entraron en escena elegantemente ataviados, sólo
se atrevió a hablar el miembro fundador... Antonio se había negado
a hablar y a Josemi se lo impedía una pierna maltrecha, según rumores,
en el camino de ascenso del Athletic de Madrid a primera división. Juan
Carmona habló por los tres al decir que "el disco está hecho
con mucho corazón y tiene cosas muy flamencas y otras no tanto". Y,
a decir del arrebato hip hop, razón llevaba. También insistió
en la campaña antipiratería en la que han envuelto el lanzamiento
del nuevo disco, resaltando ese regalo de auténtico lujo con el que se
acompaña el disco: la fiesta flamenca del clan Habichuela registrada en
DVD. El audiovisual lleva por título 'La academia de los Habichuela', ironizando
sobre ese otro nuevo enemigo de músicos y autores que es el show televisivo
operación triunfo y toda su circunstancia. Como prueba de cómo se
aprende en el seno de la familia eso de ser artista flamenco, El Camborio sacó
a cantar el estribillo del single 'Dame la mano' a su hijo, para lo que pidió
silencio... porque "tampoco el niño es Caruso". Y una dulce vocecita,
más entonada que la de muchos, dio fe de cómo se progresa en esa
escuela, acompañado al toque por su padre y a la baba por sus tíos.

El potaje de los Habichuela (Foto Daniel Muñoz)
El cantecito del Camborio chico fue la única actuación en vivo
de la velada. Ketama hizo un inesperado mutis y dejó a la concurrencia
con un resumen de la fiesta en pantalla grande, que se sintió en la concurrida
sala casi como un directo... cierto es que la mayoría de sus protagonistas
estaban apiñados allá arriba, en el gallinero VIP. Las imágenes
valieron, por supuesto, más que todas las palabras con que se preludiaron.
Tangos, rumbas, bulerías. Un corito por aquí, una pataíta
por allá. Que si Antonio se echa un cantecito, que si rumbea Rosario, que
si se templa Niña Pastori. Una falseta de Juan Habichuela, otra de Pepe,
una de El Camborio, otra de Josemi, unos golpecitos de cajón de Antonio,
otros pocos de Chaboli. Y niños y medianos y mayores, en fin, "una
pila de gente", como reza en el subtítulo del vídeo.
La miel en los labios y unas irrefrenables ganas de ver los cincuenta minutos
completos es lo que quedó en el momento de los aplausos. Qué mejor
que un potaje servido directamente de la marmita por las damas del clan para refrenar
impulsos consumistas... hablando por los desgraciados que aún se aferran
al VHS. Y, entre tanto, un inevitable paralelismo: ¿Será esta resucitante
joya de la gastronomía popular andaluza a los Habichuela, lo que el mágico
brebaje del druida Panoramix a los galos? Dejando la cuestión sólo
en sospecha, lo cierto del asunto es la metáfora de confraternización
de ese compartir de cacerola, de ese darse la mano al que invita Ketama.
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