Queremos tanto a Chano...
Cádiz renovó
su homenaje al cantaor de Cádiz en la presentación de la biografía
'Chano Lobato. Memorias de Cádiz'
Fermín Lobatón. Cádiz, julio de 2003
Fotos: Diputación de Cádiz
Retrato en vivo. Atardecer de julio en
Cádiz. Fresco de poniente. El patio del Palacio Provincial de la Diputación,
abarrotado de público, bulle en una indisimulada expectación. En
un momento dado se abre una puerta y comienza a entrar la presidencia del acto.
Se presenta el libro 'Chano Lobato. Memorias de Cádiz', y en cuanto el
cantaor es vislumbrado entre el séquito que forman los autores y artistas
invitados, todo ese público se alza en pie con una calurosa ovación
que se prolongará por unos cuantos minutos.

Chano Lobato con el libro 'Chano Lobato. Memorias
de Cádiz'
Así se quiere a Chano
Lobato en Cádiz, de una forma desmedida y casi fervorosa, con el especial
amor que se tiene por las cosas propias; nadie como él encarna valores
que son naturales de la ciudad y que no necesitan ser nombrados. Los recuerdos
de Chano son la memoria de Cádiz. Se trata de una identificación
primaria; no es sólo lo que él representa, sino además la
forma que tiene de expresarlo, de decir las cosas, de plasmar en mil historias
una forma de ser y estar en la vida. La gracia y el ingenio como armas con que
afrontar las cosas y, sobre todo, las dificultades. Es así lógico
que la gente tenga la necesidad de escucharlo, de saber por su paisano Juan Ramírez
Sarabia de sus ancestros y vecinos, de escuchar "en gaditano" el relato
de tantas historias, un condimento éste que es habitual en todas sus actuaciones
y que no podía quedar por más tiempo prendado en aire de las noches.
Era pues necesario fijar esa memoria, y que el disfrute trascendiera a su privilegiada
presencia, que eso él gusta llamar "vivencias" estuvieran al
alcance de todos.
Para eso ha llegado esta obra que, tras más
de tres años de trabajo, han concluido los periodistas Juan José
Téllez y Juan Manuel Marqués para el Servicio de Publicaciones de
la Diputación Provincial de Cádiz. Un libro confeccionado con materia
viva que viene a cubrir el hueco de una necesidad, a la vez que se convierte en
un acto de justicia para con el cantaor y también con toda una generación
de jornaleros del cante, de los que dependían de que llegara un barco o
de que un señorito tirara de ellos. Porque Chano es un superviviente de
una generación de mucha "fatiguita", de esas que no se olvidan
fácilmente. "El libro tiene más embustes que el de Pericón",
bromea el cantaor, para inmediatamente corregirse y exclamar que "hasta ese
extremo no... lo que pasa es que en Cádiz todo se lleva con esa armonía
y con ese sentido de la gracia, pero es verdad que esa fatiga sí. Nosotros
lo revestimos con ese ange, pero las fatigas son de verdad".

Momento de la presentación del libro de Chano
Lobato
Una ópera coral
Juan José Téllez recalca que
el libro es una obra coral, de tantas voces que por boca de Chano hablan en él,
y que los autores han sido "simples amanuenses de una historia y memoria
en vías de extinción, la historia de los flamencos de Cádiz".
El mismo Téllez señala que para su confección han sido necesarias
un número incontable de horas de conversación con el artista, "más
de trescientas por dar una cifra". Es pues de apreciar el trabajo que ha
debido suponer la puesta en orden de tanto material grabado para que Chano se
encuentre permanente ubicado dentro de su larga trayectoria vital y artística.
No hay que olvidar que Chano enlaza con los primitivos cantaores de Cádiz
-si no conoció al Mellizo si pudo escuchar a los que lo habían oído-,
y que ha compartido carrera con todos los grandes artistas flamencos del siglo
XX. Sus historias se ubican lo mismo que en su barrio de Santa María que
en Australia, Japón o Nueva York, allá donde le llevaron sus muchos
años de permanencia en compañías de baile.
Este libro de anécdotas y sucedidos
es pues auténtica crónica viva que, además de su valor testimonial,
regala al lector con un buen puñados de risas y sonrisas. El ingenio salpica
las páginas de la misma forma que lo hacen los numerosos testimonios gráficos.
Chano ha desempolvado el álbum familiar y lo ha puesto a disposición
de los editores. Pero hay algo más: aunque es importante el esfuerzo de
los autores al transcribir el peculiar decir de Chano, la forma que tiene de contar
sus historias, siempre será otra cosa escucharlas de su viva voz. El libro
se completa así con un disco que recoge siete cantes de marcado acento
americano. Hay guajira, colombiana y bilongo, pero en el resto de los cortes -tangos,
alegrías, tanguillos y bulerías- también predomina ese acento
contagiado de allende los mares. Y tras esos siete cortes, un octavo de casi cincuenta
minutos en los que Chano no para de revivir un sin fin de anécdotas. Otro
regalo y que es para desternillarse de risa.

Juan Manuel Marqués, Juan José Téllez
y Chano Lobato
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Matilde Coral baila para Chano Lobato
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Rico en amigos y cariño
De cuánto se quiere a Chano fue buena
muestra el acto de presentación de su biografía, que también
tuvo mucho de coral, de coral y espontáneo, sin un orden preciso y con
intervenciones nada esperadas. Apenas comenzaron los autores a narrar su peripecia
-"Este es un libro que si no lo hubiera encargado Diputación lo podría
haber subvencionado la patronal de hostelería, de bares que hemos visitado",
Chano intervino para puntualizar aquí y allá, y entrar en diálogo
con todo el mundo. "Como sigas contando más, nos vas a fastidiar el
libro", le dijo Téllez. Hasta Cádiz había bajado su
antigua compañera de fatigas Matilde
Coral y no faltaron las otras glorias de la ciudad: Bendito, Cascarilla y
Conchita, "Los Gitanillos de Cádiz". Ni su admirado y querido
Alonso Nuñez: "Cuando no sé que hacer con un contrato, pienso
en qué haría Rancapino,
que es el flamenco más inteligente, tiene cultura africana". Con todos
ellos habló, y a algunas hasta le cantó. Porque Chano contó
con la compañía de una joven artista de su Barrio de Santa María
a la que apadrinó después de una templada soleá. Él
hizo tangos y bulerías y entre letra y letra se arrancaron primero Matilde
Coral, para luego hacerlo Conchita Aranda. Sabor antiguo y sabor de barrio, la
"pataíta" a compás con su medida justa. "Soy rico
en amigos y cariño", diría el cantaor, "pero cantando
estoy que me partan la boca". Él es así tan humilde como generoso
al hablar de los demás. Tan exagerado como verídico al contar las
cosas.
El mensaje final de Téllez justifica
todo lo dicho y hablado: "Reivindicar a Chano es reivindicar a toda una generación
que no tuvo un escaparate donde exponerse, simplemente encontraban en el flamenco
una forma de vivir".