FESTIVAL FLAMENCO MISTELA 2006
ESPERANZA FERNÁNDEZ, PANSEQUITO, AURORA VARGAS, ROCÍO
MOLINA…
Venenciando flamencura
Carlos Sánchez. Los Palacios (Sevilla), 23 al
28 de octubre de 2006
Ni las inclemencias metereológicas
que obnubilaron el cielo sevillano ni la resaca y el síndrome
‘post-Bienal’ hicieron estragos en el Festival
de la Mistela 2006. El nombre del certamen viene dado por
el caldo típico de la tierra, un vino dulce y sabroso.
Así es la esencia misma de un evento que camina con
pose firme, combinando la maestría con la juventud
en un maridaje entre las tres vertientes en las que se bifurca
el género jondo: cante, baile y guitarra. Personificados
a través del arte de varias generaciones de artistas,
desde Rocío
Molina –galardonada con la Venencia Flamenca 2006-
hasta Pansequito; desde Aurora Vargas hasta Fuensanta la
Moneta, pasando por Tomás de Perrate o Esperanza
Fernández. Sin olvidar la sonanta de Niño
de Pura. El público respondió en todas y cada
una de las jornadas, llenando las butacas del primer coliseo
de este pueblo sevillano.

Niño de Pura
(Foto Festival Mistela - J. A. Belver)
El Teatro Municipal de Los Palacios abrió
sus puertas el 23 de octubre con ‘El color de los
verdiales’, un homenaje a la provincia malagueña
-en forma de exposición-, que se vio rubricado con
un recital de una panda de verdiales. Todo un alegato a
etapas pretéritas y preflamencas. Una vuelta a la
raíz que sirvió de antesala al cante de la
artista local María José Carrasco, joven cantaora
de sesgo festero y solvente dominio del compás. Ya
es tradición que el festival dedique la primera jornada
a presentar en sociedad a jóvenes artistas de la
tierra.
Al día siguiente, de una localidad
muy cercana, Utrera, llegó el cante de Tomás
de Perrate, hijo de Perrate de Utrera y nieto de Manuel
Torres. El joven artista utrerano se sentó en el
centro del proscenio para presentar parte de su último
trabajo discográfico ‘Perraterías’.
Templó con tonás acompasadas con el martilleo
de Antonio Moya sobre su bajañí. Sus nudillos
iban abriendo la senda del metal profundo y potente de Tomás.
Muchos son los gratos recuerdos que el cantaor utrerano
tiene de la tierra de la mistela: “Aquí canté
en público por primera vez”. Y quiso recompensar
esa oportunidad ofreciendo a los presentes un amplio abanico
de letras por bulerías. Cambio de tercio previo a
las seguiriyas, perfectamente arropadas por el toque. Garganta
insondable, fraguada en la tierra. Y acompasada en los tangos
de Málaga. Del Piyayo. Desnudos, sin arreglos ni
baterías. Pausados y talentosos. Hasta cerrar su
intervención por bulerías.
Quedaba la mitad de la noche. Esperanza
Fernández, acompañada de la guitarra de
su hermano Paco. Voz versátil donde las haya. De
amplio repertorio y medida interpretación. Con un
cante sin fisuras. De condición instintiva y creativa.
Decidida y dispuesta. Como en los abandonaos, donde los
flecos de su mantón vibraban de emoción al
escanciar la granaína. Derramando y esparciendo la
flamencura de su voz. Y alardeando de conocimiento. Por
cantiñas. Sapiencia y potestad al abarloarse a la
seguiriya. Medida del sentir y del sentido en la terna festera.
Tangos y bulerías que flotaban por el escenario del
teatro.
Baile y guitarra
Pansequito
(Foto Festival Mistela - J. A. Belver) |
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Jornada siguiente. Baile y guitarra. Fuensanta
la Moneta y Niño
de Pura. Guitarrista galana y tecnicista. Por taranta,
alegrías, soleá apolá, guajira, bulerías
y fandangos. Toda una fantasía adornada del cante
de Rafael de Utrera. Antesala del baile temperamental, fresco
y expresivo de Fuensanta la Moneta. Salió principiando
por alegrías con bata de cola incluida. Con una propuesta
nada trivial. Más asentada y predispuesta. Despojada
de artificios. Y explayándose en cada movimiento.
Al igual que la garganta de José Valencia, intenso
por malagueñas solapadas con abandolaos que fueron
sellados con el baile de la joven granadina, antes de dirimir
la seguiriya. Allí aquilata todo su potencial dancístico.
Viernes noche. Velada de dos clásicos.
Aurora
Vargas y Pansequito.
Cartel tradicional donde los haya porque “a Cai no
le llaman Cai, sino relicario”. Cante por alegrías
del artista portuense. El de cabello plateado, como su arte.
Arrancando los aplausos en los tercios finales del sentir
gaditano. Porque cuando propone… el público
dispone. Por soleá. Buscándose en cada letra.
Sin alargamientos virulentos. Inquiriendo el recoveco de
la mina en el taranto, para exponer en la cartagenera. Sentenció
con bulerías y fandangos. El terreno ya está
allanado para su compañera. Aurora Vargas comenzó
de igual manera. Pero la cantaora interpreta y reinterpreta.
Aunque el palo sea el mismo. Su paraguas no es tan amplio.
Por eso se abriga de un repertorio reiterativo. Pero da
igual, porque verla en escena es un auténtico lujo
para el aficionado. Da igual que también siguiera
por soleá. Ella le da su forma, su sello y su donosura.
Cambia a tientos hilvanados con tangos. Con fuerza y desparpajo.
La cantaora trianera sabe lo que hace. Raza y coraje. Terminó
por bulerías.
Rocío Molina, Venencia 2006
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Rocío Molina (Foto:
Daniel Muñoz) |
Fin de fiesta. Y de festival. El sábado
28 de octubre fue una noche de homenaje y reconocimiento
a una corta pero intensa trayectoria, la de la bailaora
malagueña Rocío
Molina. Obsequió a los presentes con ‘El
eterno retorno’, un espectáculo donde todo
gira bajo las premisas filosóficas de Friedrich Nietszche.
“Eternamente vuelve la rueda del ser”. Dramaturgia
de Antonio Álamo en un espectáculo trillado
y más que rodado pero con una cara nueva, la de la
cantante jerezana María José Santiago, que
toma el testigo de Pasión Vega. Poco más de
una hora de soleá, abondolaos, malagueñas,
alegrías y seguiriya. Y como no, con un pequeño
espacio para la copla. Todo un collage para la infinitud
de gestos y ademanes del baile de la malagueña. Con
remates genuinos y generosos. Al igual que sus pies, enérgicos
y tersos. Calidad frondosa. Por esto y muchos más
motivos, Rocío Molina recibió la Venencia
Flamenca 2006. Un reconocimiento que el Festival concede
a jóvenes artistas con proyección demostrada.
La Mistela sigue venenciando flamencura
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