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Paco de Lucía recibe
el Premio Pastora Pavón, Niña de los Peines:
"Los cantaores jóvenes no sólo
pueden oír a Camarón si quieren tener personalidad porque se están
convirtiendo en clones"
Silvia Calado Olivo. Sevilla, 14 de mayo de 2002
Ni Fosforito, ni Chocolate, ni Juanito Valderrama, ni Matilde Coral, ni
Chano Lobato, ni Luis Caballero, ni José Menese, ni Vicente Amigo, ni Remedios
Amaya, ni Eva la Yerbabuena, ni Segundo Falcón, ni Arcángel, ni
Antonio el Pipa... ni tan siquiera todos juntos. Quien congregaba a más
de medio universo flamenco, a universo y medio de la prensa andaluza y a algún
satélite de la política autonómica en el sevillano Palacio
de Altamira aquella templada tarde de mediados de mayo era Paco de Lucía.
El motivo casi era lo de menos -por cierto, recibía el 'Premio Pastora
Pavón, Niña de los Peines' de la Junta de Andalucía, por
razones evidentes-, lo de más era que estaba, que se podía oír,
ver y respirar al genio, al maestro... al hombre Francisco Sánchez.

Paco de Lucía rodeado de cámaras de televisión
(Foto: Daniel Muñoz)
A ese hombre de barba, tez tostada, mirada serena y cigarrillo que digirió
un piropo tras otro sin inmutarse. A ese hombre de barba, tez tostada, mirada
serena y cigarrillo que atendió a la prensa por narices pero con maestría.
A ese hombre de barba, tez tostada, mirada serena y cigarrillo que a nadie negó
ser partenaire de retrato, ni autógrafo, ni abrazo, ni apretón de
manos.
Universalización, rabia, desobediencia, potencia, respeto, antepasados,
sensibilidad, renovación, mestizaje... Aunque muchas fueron las palabras
que decoraron el acto y variopintos los discursos que las trenzaron, quede constancia
explícita de las proferidas por el propio homenajeado. Paco de Lucía
aprovechó ese ratito de comparecencia pública, que comparó
con una declaración en comisaría, para dar un toque de atención
a la nueva savia del flamenco. Tras reconocer que le parecía "acertadísimo
el nombre del premio, pues La Niña de los Peines es una de las cantaoras
más grandes de la historia del flamenco", animó a los cantaores
en ciernes a tomarla como referencia pues, aunque dejó entrever que entendía
que se bebiera de la fuente del cantaor isleño, subrayó que "para
tener personalidad no sólo se pude oír a Camarón porque nos
estamos convirtiendo en clones". ¿El consejo?: "Mirar hacia atrás,
no sólo a La Niña de los Peines, pues hay muchas cosas que aún
no se han cantado, agarrar la discografía antigua... quien haga eso será
un cantaor con personalidad y no un camaronero más". ¿Y para
ser guitarrista?: "Encerrarse horas y horas y horas y, de vez en cuando,
cogerse una borrachera gorda".
La actitud del guitarrista algecireño ante la permanente apertura del
abanico de propuestas flamencas se dibuja positiva: "El flamenco estuvo mucho
tiempo atado por la tradición, por el purismo y, aunque estoy de acuerdo
con conservar la tradición, hubo un momento en el que trabajos como los
discos de Camarón abrieron puertas. Salían discos con música
no tradicional. Los chavales tenían de pronto una puerta abierta para que
cada uno hiciera su música". La conclusión que extrae Paco
de Lucía de esa apertura es "tener respeto a la tradición pero
que no te deje maniatado, pues si el flamenco no evoluciona se muere y se convierte
en una pieza de museo". El maestro es consciente de que "la evolución
conlleva un riesgo, pero no me da miedo porque el tiempo criba lo que vale y lo
que no vale". La ecuación es la siguiente: "Con que un uno por
ciento valga, eso va a engrandecer el flamenco". Y, por ello, insiste en
no temer "que se vaya a perder autenticidad. Me gusta que haya gente sacando
cosas y componiendo, pues lo que de verdad valga, va a engrandecer la tradición".

Paco de Lucía le firma un cajón a Manuel Soler
(Foto: Daniel Muñoz)
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Y expone estas reflexiones mientras se enfrenta a uno de los grandes retos
de su carrera profesional: la composición de un nuevo disco del que ya
están en fase de grabación dos o tres temas. "Yo mismo me he
puesto el listón tan alto que no puedo permitirme hacer un disco en el
tiempo en el que lo hacía antes, necesito más tiempo para seguir
creando sorpresa. Quiero seguir creciendo como músico". La concentración
en este trabajo va a mantener a Paco de Lucía retirado de los escenarios
hasta 2003, cuando prevé retornar al directo con un compañero de
excepción: "Estoy en contacto con Chick Corea -un músico que
me gusta mucho, al que le gusta mucho el flamenco y que tiene algo de flamenco
dentro- y estamos pensando qué tipo de formación llevar, qué
repertorio... en eso estamos".
Los sueños del genio tienen poco de ambiciosos a estas alturas: "Echarme
en una hamaca". Y eso lo dice porque "he trabajado tanto y he pasado
tanto, que mi sistema nervioso está tocado". Inflar las aspiraciones
poco sentido tiene, pues cree que "la vanidad es algo que pronto se llena".
Y confiesa estar "muy cansado después de cuarenta años trabajando",
sin olvidar nunca aquellos diez primeros de vida pasados en la localidad gaditana
de Algeciras, formándose con maestros como su padre y como su hermano Ramón,
pues es en esa etapa cuando "se forma un ser humano". Pero que nadie
piense que tira la toalla: "No me voy a retirar, hay algo dentro de mí
que no me deja, ese cabrón no me deja". Ni siquiera en ese rincón
del Caribe mexicano donde el genio se refugia... Desde allí dice estar
"totalmente al día del flamenco a través de Internet -como
han podido comprobar los asiduos al foro de Flamenco-world.com-, de la televisión
española, o de los amigos que me envían discos". La distancia
no se interpone, pues "vivo con la casa a cuestas, estoy acostumbrado a viajar".
Quién mejor para dar fe, a tenor de las veces que la palabra universalización
fue proferida en el acto, de que "el flamenco es una música mundial.
Para mí siempre fue siempre de las músicas más importantes
del mundo, aunque fuera elitista, por su fuerza expresiva". Y, de hecho,
corrobora que "en cualquier país encuentras a un grupo de personas
al que se le saltan las lágrimas con el flamenco".
Y, por cierto, Paco de Lucía recibía el 'Premio Pastora Pavón,
Niña de los Peines', una respuesta oficial a la polémica llave cuyo
primer destinatario fue Fosforito. A la satisfacción personal de contar
con el galardón que, según Manuel Chaves, presidente de la Junta
de Andalucía, reconoce "la renovación y el impulso de una de
las señas de identidad andaluzas", Paco de Lucía une la satisfacción
general de "dar reconocimiento a una música que amo y por la que llevo
luchando muchos años". Lo que no quita que "da gusto que te den
un premio y un dinerito -treinta mil euros, para más señas-, pues
todos los premios son tan feos, que uno no sabe dónde ponerlos".
Después de ver la cara de ilusión de Manuel Soler con su cajoncito
firmado por Paco de Lucía, oír a Raimundo Amador decir "ya
me he quedado tranquilo" tras abrazar a Paco de Lucía, de ser testigo
del instante en el que Vicente Amigo se fotografía con Paco de Lucía...
la conclusión a extraer es que no sólo es el nombre de La Niña
de los Peines el que nos pone de acuerdo a todos, como acertadamente dijo José
Manuel Gamboa cuando prologó el acto. Hay otro nombre que obra el milagro,
el que de quien, para Félix Grande, es "la primera guitarra en cantar
flamenco, en expresar la rabia y el dolor andaluz", el de quien "antes
de ser reinventor del lenguaje de la guitarra flamenca había honrado y
digerido toda la historia de la música flamenca", el de quien lleva
a gala que "la libertad en el arte es también desobediencia".
revista@flamenco-world.com
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