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UN
SILENCIO PARA SORDERA
Candela Olivo
El jondo eco de
Sordera se silencia. Manuel Soto Monje falleció el pasado 24 de junio del
2001 en Jerez de la Frontera, donde naciera hace 73 años y donde recibió
sepultura, tras tres días en coma, en el Cementerio de Nuestra Señora
de la Merced. Un quedo mundo flamenco despidió al cantaor en el Barrio
de Santiago.
Por respeto a los
mayores y al propio sentir, Sordera forjó su trayectoria cantaora con una
férrea fidelidad a la tradición... tan alta era la responsabilidad
de tomar el testigo de gargantas como la siguiriyera de Paco La luz o la de José
Paula. El Café Plata y Oro de su ciudad natal fue uno de sus primeros escenarios,
junto a ventas, reuniones y fiestas.

Foto: Paco Sánchez
Entre los años
cuarenta y cincuenta, la voz de Sordera -apodo heredado de su abuelo- transitó
entre Jerez y Sevilla, donde en 1953 comenzó a cantar en el tablao El Guajiro.
Cinco años después, se trasladó a Madrid, con su vasta prole,
a la que sacó adelante tanto con el trabajo en tablaos como El Duende,
Los Canasteros y Las Brujas, como con la presencia de su cante en las ventas de
la periferia.
Las fronteras de
la capital se quedaron cortas y el cante de Manuel Soto se internacionalizó.
Acompañando a las bailaoras María Rosa y Manuela Vargas recorrió
gran parte de Europa, América y Asia. Por el camino, fue cosechando reconocimientos
a su forma de canalizar el cante flamenco, que supo elevar mediante todo el abanico
de estilos jerezanos y, especialmente, los fandangos. El Premio Nacional de Cante,
concedido en 1983; la Copa Jerez, otorgada por la Cátedra de Flamencología
en 1972; o el Premio Calle Alcalá, son sólo algunas de las distinciones
que recibió en vida, y a la que ahora, a título póstumo,
se sumará la de Hijo Predilecto de Jerez.
La enfermedad jalonó
los últimos años de Sordera. Desde su vuelta a Jerez, ya aquejado
de diabetes, fue progresivamente iniciando su retirada, con sólo algunas
apariciones esporádicas en festivales y peñas andaluzas. Pero su
arte, lejos de perderse, fue paralelamente continuado por sus hijos Vicente, Enrique
y José y su sobrino José Mercé. Pupilos que despidieron al
patriarca en el funeral celebrado el pasado lunes en la Iglesia de Santiago, junto
a destacados artistas de la escena flamenca. Como adiós quedó un
quejío denso y enmudecido, pero nunca sordo.
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