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Festival Caja Madrid 2005
El Güito, Pilar López y
Mario Maya / Salmonete / Rancapino (Fotos: Daniel Muñoz)
Pilar
López y Mario Maya, maestra y alumno, reciben la distinción
‘Calle de Alcalá’ del Festival Caja Madrid 2005.
La segunda jornada del festival madrileño fue emotiva. El
jurado quiso hacer “un acto de justicia” y reconocer,
con un galardón honorífico, la histórica labor
de la veterana bailarina y coreógrafa Pilar López
que, entre agradecimientos, recordó a su discípulo
Antonio Gades: “Anda por aquí revoloteando y está
entre nosotros alguien que se nos fue y que llevo en mi corazón”.
En un alarde de generosidad, brindó la estatuilla a “todos
los bailarines y compañeros de la danza”. Al mismo
tiempo, Mario
Maya, otra de las “criaturas” modeladas por la hermana
de La Argentinita, recibió la distinción anual, con
palabras críticas hacia el panorama actual del baile flamenco,
“que está sufriendo un notorio giro hacia la exacerbación
de la energía virtuosa y de la acrobacia, cuando el baile
flamenco es sentimiento, es hacer que parezca fácil lo indefinible”.
El doble premio se celebró con la representación por
parte de la compañía de El Güito del montaje
dedicado a Pilar López ‘Mis recuerdos’, que ya
fue estrenado en este mismo Teatro Albéniz en mayo de 2003.
Antes de que todo ello sucediera, el cante clásico volvió
a cautivar al público. Abrió la noche el cantaor Salmonete
de Jerez, artista de trayectoria intermitente. Con eco ‘terremótico’
y momentitos de garra, interpretó alegrías, fandangos,
seguiriyas y bulerías, secundado a la guitarra por Alberto
Sanmiguel. Después llegó, sentando cátedra
‘per se’, Rancapino. Salió con una malagueña
que hiló bajito, bajito, casi susurrando el cante, seguido
sigilosamente por Fernando Moreno a la guitarra. Quiso después
tirar de lo rítmico, con unas alegrías... como son
las alegrías. Con esa voz cavernosa suya, cantó también
unas soleares dedicadas a Juan Habichuela, unos fandangos de los
que filosofan sobre la vida y unas bulerías con alto grado
de salinidad. Un placer para los oídos y para el fondo de
las personas, un regalo de maestría en una noche de maestros.
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