|
<<
Anterior fotonoticia | Siguiente
fotonoticia >>
Festival Caja Madrid 2005
Enrique Morente (Fotos: Daniel Muñoz)
Enrique
Morente conduce al éxtasis al Festival Caja Madrid 2005.
El único artista que ha merecido una noche completa en el
cartel de la décimo tercera edición del festival ha
sido Enrique Morente. Sobra señalar los motivos a la luz
de la reacción del público: éxtasis. El cantaor
granadino, recién llegado de actuar en Estados Unidos con
Tomatito, hizo un recital para complacer a propios y a extraños,
de estructura curva: preludio con grupo, cantes serios con guitarra
y epílogo con grupo, poesía y canción. Acompañado
por Manuel Parrilla a la guitarra, Bandolero a la percusión
y Antonio Carbonell, Ángel Gabarre y Pepe Luis Carmona a
las palmas y coros, comenzó el recital de forma impactante.
Todos de pie formando corro, juegos de compás, por bulerías.
A continuación, la caña. La voz se derrama desde arriba,
sonando a anciano y a nuevo. Columpiando el cante, entró
en tierra de cantiñas. El primer tercio de la soleá
fue providencial. Momento propicio para quedarse a solas con la
guitarra. Ayeos con sello propio. Taranta. La emoción a flor
de piel. Y letras de mensaje existencialista. “A qué
tanto me consientes”. “Yo vuelvo por mis alas”.
La belleza de la creación. Anuncia la seguiriya, pero sobre
la marcha se arrepiente: alegrías. Hasta el ‘tirititrán’
es distinto. La dice despacio, acariciando cada palabra, tensando
cada tercio. La sonanta, a medida. Y el cantaor, libre, revoloteando
siempre sobre el esquema. La seguiriya, ahora sí. Tremendo.
La ovación, gigante. Las palmas forjan la base para el llanto
lorquiano de la guitarra. Ya está de nuevo el grupo. Crescendo
final. Tangos mansos. Bulerías a lo jerezano. Un bis. Otro
corrillo, pero ahora por tonás, con un estudio del compás
de pies a palmas, de palmas a gargantas. Por turnos. Entrelazados.
Y en medio, Enrique Morente. El Teatro Albéniz estalla. Y
otro bis, pedido a gritos. Toma un verso de Manuel Machado para
convertirse en “poeta decadente”. El público
no tiene que pedirlo... hay ‘bonus track’. Un poema
de Nicolás Guillén para hacer un canto “al mestizaje,
a la intención de comunicarnos, de ser comprensivos”.
Es ‘La canción del bongó’, incluida en
su último disco ‘El pequeño reloj’. Con
este manifiesto pone el broche de oro a un concierto de esos que
hacen historia.
revista@flamenco-world.com
|