| Joaquín
el Canastero se ha tomado seis décadas
de vida para macerar su cante a la orilla de ese,
este y aquel río. Camarón de la
Isla y los pájaros eran de los pocos privilegiados
seres que sabían lo que, en un indefinido
lugar de los montes que unen Cádiz y Málaga,
se fraguaba. ‘Se busca’ ha recogido
esos ecos que, de tan libres, tienden puentes
entre la hondura de una mina y los ritmos caribeños.
Un camino enriquecido con la cualidad autora del
cantaor, un rara avis, entre tanto intérprete.
No en vano, el papel que el pastor malagueño
siempre ha desarrollado en el ámbito flamenco,
de ríos para afuera, se ha restringido
a la composición. De ahí que la
peculiar forma de cantardecir de Joaquín
Carmona y los filosóficos mensajes que
sus letras encierran conformen el pilar sobre
el se asienta su álbum debut... y un motivo
más que suficiente para prestar atención
a su propuesta.
El contenido del disco podría
clasificarse atendiendo a su fidelidad a los cánones
flamencos, por ejemplo, de más a menos.
Muestra del profundo conocimiento del cante grande
de El Canastero son la soleá, los fandangos
y el taranto incluidos entre los diez cortes del
álbum. El afán creador del cantaor
llega al extremo de gestar una soleá personal,
a la que denomina "del Canastero". ‘Son
lugares de silencio’ es un trabajo de interiorización
en el que el cante casi se queda a solas, con
la mera compañía de cuerdas de guitarra
(Juani de la Isla) y violín (David Moreiras).
Austeridad y recogimiento también dan forma
a los fandangos ‘De loco siempre me han
tratado’, donde sólo el toque arropa
la voz de quebrado terciopelo del cantaor. La
búsqueda de jonduras se cierra con el taranto
‘Cuando yo era minero’. Casi a palo
seco, con algún salpicón de guitarra,
alardea de facultades vocales en un cante áspero
de tan añejo.
La otra cara del primer disco
de Joaquín Carmona es un flirteo con la
frescura, aunque del tono profundo queden impregnados
buena parte de los contenidos de las coplas. Muestra
de ellos es el alegato pro Camarón que
prologa el álbum bajo el título
‘Nuestro sueño y despertar’.
Coros, cante dicho y poco adorno aderezan estos
tangos en los que se integran proclamas como:
"Que no se moleste nadie si digo del Camarón
que él fue la llave del cante". Otros
tangos de aire camaronero son ‘Camina mi
alma’, donde, sobre un telón de palmas,
cajón, violín y guitarra, canta
a la soledad, la libertad, la paz y el tiempo.
El tono festero se caldea en ‘Loco, loquito,
loco’, una rumba de temática romántica
y estribillo pegadizo, así como en la bulería
‘Ya hasta el almendro lloraba’ que,
a golpe de violín, epiloga el disco. Ya
la infidelidad se acentúa en ‘Rumbita
cubana’, un juguetillo por rumba que rezuma
sones caribeños, y en el almibarado bolero
a piano (Diego Magallanes) ‘Tú no
te vayas de mí’.
Fuera de uno u otro bando se
sitúa, por su excepcionalidad dentro de
cualquier repertorio flamenco, ‘La rosa
y el ruiseñor’. Esta pequeña
joya es un recitado, con cante entremetido por
soleá y bulerías: "¡Qué
alegría, terminar por soleá y empezar
por bulerías! ¡Tin, tin! ¿Quién
soy yo? Que todos los pajarillos que hay en el
río, soy el que canto mejor y alegro más
el sentío". |