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Joaquín el Canastero, "Se busca"
Silvia Calado

Joaquín el Canastero se ha tomado seis décadas de vida para macerar su cante a la orilla de ese, este y aquel río. Camarón de la Isla y los pájaros eran de los pocos privilegiados seres que sabían lo que, en un indefinido lugar de los montes que unen Cádiz y Málaga, se fraguaba. ‘Se busca’ ha recogido esos ecos que, de tan libres, tienden puentes entre la hondura de una mina y los ritmos caribeños. Un camino enriquecido con la cualidad autora del cantaor, un rara avis, entre tanto intérprete. No en vano, el papel que el pastor malagueño siempre ha desarrollado en el ámbito flamenco, de ríos para afuera, se ha restringido a la composición. De ahí que la peculiar forma de cantardecir de Joaquín Carmona y los filosóficos mensajes que sus letras encierran conformen el pilar sobre el se asienta su álbum debut... y un motivo más que suficiente para prestar atención a su propuesta.

El contenido del disco podría clasificarse atendiendo a su fidelidad a los cánones flamencos, por ejemplo, de más a menos. Muestra del profundo conocimiento del cante grande de El Canastero son la soleá, los fandangos y el taranto incluidos entre los diez cortes del álbum. El afán creador del cantaor llega al extremo de gestar una soleá personal, a la que denomina "del Canastero". ‘Son lugares de silencio’ es un trabajo de interiorización en el que el cante casi se queda a solas, con la mera compañía de cuerdas de guitarra (Juani de la Isla) y violín (David Moreiras). Austeridad y recogimiento también dan forma a los fandangos ‘De loco siempre me han tratado’, donde sólo el toque arropa la voz de quebrado terciopelo del cantaor. La búsqueda de jonduras se cierra con el taranto ‘Cuando yo era minero’. Casi a palo seco, con algún salpicón de guitarra, alardea de facultades vocales en un cante áspero de tan añejo.

La otra cara del primer disco de Joaquín Carmona es un flirteo con la frescura, aunque del tono profundo queden impregnados buena parte de los contenidos de las coplas. Muestra de ellos es el alegato pro Camarón que prologa el álbum bajo el título ‘Nuestro sueño y despertar’. Coros, cante dicho y poco adorno aderezan estos tangos en los que se integran proclamas como: "Que no se moleste nadie si digo del Camarón que él fue la llave del cante". Otros tangos de aire camaronero son ‘Camina mi alma’, donde, sobre un telón de palmas, cajón, violín y guitarra, canta a la soledad, la libertad, la paz y el tiempo. El tono festero se caldea en ‘Loco, loquito, loco’, una rumba de temática romántica y estribillo pegadizo, así como en la bulería ‘Ya hasta el almendro lloraba’ que, a golpe de violín, epiloga el disco. Ya la infidelidad se acentúa en ‘Rumbita cubana’, un juguetillo por rumba que rezuma sones caribeños, y en el almibarado bolero a piano (Diego Magallanes) ‘Tú no te vayas de mí’.

Fuera de uno u otro bando se sitúa, por su excepcionalidad dentro de cualquier repertorio flamenco, ‘La rosa y el ruiseñor’. Esta pequeña joya es un recitado, con cante entremetido por soleá y bulerías: "¡Qué alegría, terminar por soleá y empezar por bulerías! ¡Tin, tin! ¿Quién soy yo? Que todos los pajarillos que hay en el río, soy el que canto mejor y alegro más el sentío".



Joaquín el Canastero
"Se busca"

 

 

"Un 'rara avis' del cante. 'Se busca' traza un camino enriquecido con la cualidad autora de Joaquín el Canastero."

 
 
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