
| Carmen Linares, ‘Raíces
y alas’ |
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Martín Guijarro, agosto de 2009
La voz de Carmen
Linares siempre voló más allá del flamenco.
Pero en este ‘Raíces y alas’ se hace aún
más palpable que estamos ante una de las más grandes
intérpretes españolas. Y eso que es múltiple
el reto que asume en este álbum. Ante todo, ha de cantar
la poesía de Juan Ramón Jiménez, el literato
onubense que logró el Premio Nobel de Literatura hace medio
siglo. La palabra ha de ser dicha con exquisito tacto… mientras
es cantada. Y lo cierto es que lo clava: deja que la palabra se
explique por sí misma y, al tiempo, le aporta un plus de
la emoción requerida. A unos poemas le da luz de cal. A otros,
nostalgia. Y a algunos, hondura existencial.
Cuando los palos se reconocen (lo
que no quiere decir que estén exactamente sujetos al canon),
reluce esa cantaora serena, elegante y profunda que es. Así
sucede en las alegrías ‘Remembranzas’, en las
bulerías ‘El desvelado’ y ‘Llanto’,
en la tremenda toná final ‘Con tu voz’. Pero
en la tesitura de cantante, consigue dar un paso más allá.
‘Álamo blanco’ y ‘Mares y soles’
son temas hermosos en los que se da rienda suelta a la libertad
de la voz. Y acaba encontrando otros dibujos y cauces inexplorados
en el flamenco.
A dar ese paso la lleva Juan
Carlos Romero, compositor de la obra tanto en lo instrumental
como en lo vocal. Como en ‘Locura de brisa y trino’
de Manolo Sanlúcar, se demuestra que es viable y necesario
componer para el cante, la faceta más inmóvil del
género. Aquí el compositor se pone al servicio de
la cantaora, no sólo diseñando sus frases -con la
dificultad añadida de que la métrica de los versos
no es flamenca-, sino construyendo todo un marco musical acorde,
sensorial y emocionalmente. Y para ello vira bastante hacia sonidos
y actitudes cercanos a la clásica, tirando de instrumentos
como el violonchelo, el oboe, el fagot o el fliscorno. Aunque es
la guitarra el instrumento eje, acompañada de percusión
y palmas, más detalles curiosos como el tamboril rociero
de los fandangos ‘Moguer’. Para el oído es, en
resumen, todo un goce.
También es muy interesante
de este elegante disco el hecho de que Carmen Linares haya tomado
las riendas discográficas. Y edita este disco con su propio
sello: Salobre. Destacan la calidad y el mimo con los que se presenta
el trabajo, en edición disco-libro con tapa dura, páginas
ilustradas con todos los poemas cantados, textos de Félix
Grande y Miguel Copón, retratos de la cantaora y un buen
puñado de fotos de Juan Ramón Jiménez, que
recibe un homenaje musical a la altura de sus rimas.
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