
| Carmen Linares, 'Remembranzas' |
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M.G./Flamenco-world.com, diciembre de 2011
Hay distintas formas de hacer balance. La más frecuente es fácil y fría: una recopilación de temas seleccionados de una discografía que lo dan masticado al oyente cómodo. Sin embargo, hay quien opta por otra menos habitual, más cálida y más compleja: un directo que sintetice, aquí y ahora, toda una carrera dedicada a la música. Y es lo que ha hecho Carmen Linares en ‘Remembranzas’, que fue grabado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el 5 de febrero de 2011.
El álbum está editado por el propio sello de la cantaora, Salobre, y presentado en una cuidada edición libro-disco con fotos, letras y textos, siguiendo el modelo de ‘Raíces y alas’ y, por tanto, dándole un cariz de colección. Y son significativas las fotos, por cuanto ilustran las etapas que refleja la grabación. La niña que aprendía canciones de la radio y cantes de las tierras jienenses. La adolescente que aprendía de maestros viejos como Pepe de la Matrona y de jóvenes valientes como Morente. La mujer que reivindicó a la cantaora en la ‘Antología’. Y la Carmen Linares de hoy que rememora su pasado desde un presente que, a la vez, anuncia su futuro.
El directo, ya se sabe, tiene su propia vida. Las grabaciones no son perfectas, ni los artistas tienen la opción de rebobinar. Pero esa imperfección -si es que se puede llamar eso a respirar- es también su virtud. Los cantes de este disco -intercalados de speeches del rapsoda Ortiz Nuevo- están interpretados de forma viva y eso implica mucha emoción. No sólo por el inmenso coso abarrotado, ni por los recuerdos, ni por los amigos que la arropaban (entre ellos, Javier Barón y Miguel Poveda), sino también por las vivencias que en esos días fueron tan duras para la artista: acababa de perder a su madre y a su compadre Enrique. De ahí esa seguiriya. De ahí ese ‘Asesinado por el cielo’. Y de ahí esas palabras dichas por la cantaora que a muchos han conmovido casi tanto como las cantadas.
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