Martín
Guijarro, diciembre de 2006
Las personas se van, pero el arte perdura. Y, a veces, en
los cajones quedan recuerdos ocultos. Chocolate
falleció hace más de un año,
pero su arte maestro quedó en la historia
del flamenco. Y en los archivos de Ricardo Pachón
estaba escondida su obra póstuma. Bajo
el título ‘Cobre viejo’, el
productor ha recuperado diez cantes que grabó
el cantaor en los estudios Sound Production de
Sevilla en 1999, dos años antes de la edición
de su último disco ‘Mis 70 años
con el cante’.

Imagen extraida del
libreto de 'Cobre
viejo'
El disco está grabado
a la antigua –sólo con la guitarra
de Diego Amaya- en el transcurso de una sesión
en la que, por suerte, no se han editado los comentarios
del cantaor sobre cada cante, sobre el flamenco,
sobre los maestros y otros chascarrillos. Y eso
enriquece un disco de por sí valioso. Chocolate
interpreta en este álbum, en plena forma
vocal, el repertorio que cultivó a lo largo
de décadas dedicado al cante. Desde los
inicios en los cuartos de La Alameda sevillana,
hasta la despedida recibiendo homenajes en los
mejores festivales, guiado siempre por el legado
de maestros como Los Caganchos y Tomás
Pavón.
De los cantes fragüeros,
interpreta la debla y, por dos veces, la seguiriya.
Un par también de soleares y de sus personales
fandangos cargados de filosofía popular,
unas malagueñas y un taranto. Y, para finalizar,
un recitado estremecedor en el que anuncia su
final. Toda esa imprescindible, sabia y profunda
música ve la luz en una cuidada edición
que se acompaña de un libreto ilustrado
con fotos en blanco y negro; con textos de Carlos
Lencero y Manuel Barrios en español, inglés
y francés; y las letras de todos los cantes.
‘Cobre viejo’ rinde merecido tributo
a uno de los grandes del cante flamenco... que
ha de seguir vivo.

Imagen extraida del
libreto de 'Cobre
viejo'
Contenidos:
Antonio
Núñez Montoya ‘Chocolate’
fallece en Sevilla
|