
| Jesús Corbacho, 'Debajo del romero' |
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Flamenco-world.com, enero de 2012
Cantar para acompañar al baile es una escuela en la que se gradúan muchos cantaores. Generación tras generación, vocalistas flamencos se preparan en el atrás de las compañías en materias como el repertorio, la expresión, la rítmica y la escena. Y cuando llega el momento de presentarse delante y en solitario, lo hacen con base y fundamento. Ese es el camino de Jesús Corbacho, un cantaor joven de escuela onubense que, tras curtirse cantando para bailaoras de la talla de Milagros Mengíbar, Belén Maya, Merche Esmeralda o Rocío Molina, debuta con su primer disco.
‘Debajo del romero’ es un muestrario de las capacidades de este artista, tan ducho en los cánones como en los estilos más radiables. El disco, producido por los guitarristas Juan Requena y Óscar Lago (también compositores de la mayoría de los temas), recurre a la fórmula extendida en el panorama flamenco actual: combinar cantes tradicionales a guitarra con cantes rítmicos convertidos en “temas”. En los primeros, como la seguiriya ‘Debajo del romero’, la malagueña ‘Que te quise con locura’, dedicada a Morente, y la soleá ‘Mala gitana’, enseña su conocimiento de los referentes clásicos, de los tempos, giros y texturas clásicos. Y lo hace acompañado a la guitarra por Manuel Parrilla, toque jerezano de peso idóneo para esas honduras.
Entre los cantes más rítmicos, con instrumentación extra y estribillos a coro, hay temas por tangos y bulerías como ‘El alma me duele’ y ‘Lo que yo quiero es estar contigo’. A los que se suman las cantiñas ‘Que por tu ventana sale’; ‘Niño Miguel’, fandangos que subrayan su dominio en la especialidad de su tierra; y la guajira ‘Es mi mulata un terrón’, con auténticos aires cubanos. Además, incluye una interesante tercera vía que consiste en actualizar musicalmente estilos de antes que, en este caso, explotan las virtudes melódicas del cantaor, de voz dulce y afiligranada. La milonga ‘Glosa a un maletilla’, una composición de David Lagos, trasgrede las normas de palo para contar una historia dicha a voz y guitarra. En la zambra ‘Azucena’, el piano de Pablo Suárez aporta toda una finura de acompañamiento para que la voz diga la historia de desamor de Quintero, León y Quiroga. Todo forma, en suma, una completa carta de presentación que, sin descartar opciones, abre frentes posibles para su desarrollo futuro.
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