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Uno de los aspectos en los que se aprecian más posibilidades evolutivas
para el flamenco es éste de la instrumentación. Ocurrió con
la guitarra, la gran protagonista de la segunda mitad del siglo pasado. Es un
hecho que existe una legión de músicos flamencos, hasta ahora relegados
en su mayor parte a funciones de acompañantes, de instrumentos hasta hace
poco sospechosos de extranjería en este arte. En el caso del piano, pese
a ser uno de los primeros instrumentos cultos en acercarse al ámbito flamenco,
hubimos de esperar hasta finales de los noventa para que se produjeran resultados
artísticos de verdadera consideración. Uno de los más importantes
nombres de esta revolución instrumental es el de David Peña Dorantes,
representante de un piano flamenco en donde, en lugar de imitar al cante o la
guitarra, se indaga en sus propias posibilidades armónicas y melódicas.
En esta segunda entrega discográfica, Dorantes sigue
en buena medida, en cuanto a producción y carácter de las composiciones,
los pasos ya dados en Orobroy, su disco de debut. De manera que encontramos una
serie de cortes articulados en torno a motivos muy reconocibles y repetitivos,
con brillantes arreglos, casi cinematográficos, de aliento épico.
Así 'Caravana de los Zincalí' o 'Batir de alas' en los que el pianista
de Lebrija cuenta con el contundente respaldo de la Orquesta Sinfónica
de Radio Sofía o un coro de niñas búlgaras.
Los ritmos dominantes de este Sur siguen siendo en buena
parte flamencos: las bulerías, en 'A ritmo de berza', o los tanguillos
en 'El mentidero' son los más claros ejemplos. Y junto a ello encontramos
el acostumbrado guiño al piano nacionalista en el tema 'Niñez'.
También se nos ofrece una pincelada vocal, en este caso a cargo de Esperanza
Fernández en 'Di, di, Ana'.
Pero además de todo lo mencionado Dorantes presenta
en Sur una nueva faceta de su trabajo. Se trata de unas cuantas composiciones
de aire improvisado y fuerte acento rítmico, cercano al swing, en donde
el de Lebrija introduce una serie de variaciones en torno al tema principal e
incluso establece diálogos con algunos miembros del grupo como Nacho Gil
o Teodossi Spassov, buscando soluciones armónicas más reticentes,
de carácter modal. Estamos hablamos de composiciones como 'Danza de las
sombras', 'Barrio Latino' o la que da título a la obra, que se sitúan,
sin duda, entre lo más destacado del disco.
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