| De casta
le viene al galgo. Triana y Lebrija confluyen
en el interior de la Caja de Pandora, ahí
donde reside la Esperanza -Fernández- que
ayuda a soñar con un nuevo flamenco, pero
faraónico. La niña de Curro ha salido
al Tablao discográfico para hacer una raya
en el agua: a un lado, un mar de modernidad; al
otro, un océano de jondura. La niña
se templa por bulerías contemporáneas,
por chuflas estacionarias. Y sin tiempo al prejuicio
abre su caja, no la de Pandora, sino la de las
esencias, para extraer de ella la última
de las virtudes cabales: ése no sé
qué cargado de rancias propuestas en fase
de extinción.
La soleá
de Alcalá, arropada por el febril acento
de un pianista inconmensurable -David Dorantes-
en plena fiesta lebrijana, pone a tambalearse
a la tierra de los panaderos por mor de un patetismo
capaz de arrancar espamos de la piel. Esperanza
canta con el corazón en la mano, poniendo
en el altar jondo a la solera que tanto se añora
en estos tiempos de alegría.
Mas no se
acaba aquí su florilegio. La versión
lorqueña de la Baladilla de los tres ríos,
por rumba, pone de relieve el horizonte de una
cantaora que se columpia entre el pasado y el
futuro con displicencia, pero con soberana majestad.
En la delicadeza con la que se expresa al compás
del baile se corrobora la premisa. Pero en ese
vaivén desconcertante y maravilloso al
mismo tiempo, llega la seguiriya.
Triana a
sus pies. La bajañí del Niño
Josele y la letra de José de la Tomasa
son testigos de un cante al que la Fernández
le endosa toda su gitanería para dejar
el corazón malherío con bríos
rumbosos. Increíble. El trasiego del columpio
es indescriptible, sobre todo cuando llega a Lebrija,
donde la niña visita a su abuela para agasajarla
por bulerías. La Malena, con la manta al
hombro de Moraíto Chico, rebusca en el
patrimonio de Antonia Pozo con sobriedad. Bendita
austeridad.
Afinación,
compás y equilibrio entre el antaño
y el hogaño no son argumentos de los que
todos puedan presumir. Y la Fernández ha
puesto a dormir a los "puros" con la
Nana de la Esperanza: ea, mi flamenco, ea; ole,
cantaora, ole. |