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Esperanza Fernández
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Esperanza Fernández, "Esperanza Fernández"
Alberto García Ramos

De casta le viene al galgo. Triana y Lebrija confluyen en el interior de la Caja de Pandora, ahí donde reside la Esperanza -Fernández- que ayuda a soñar con un nuevo flamenco, pero faraónico. La niña de Curro ha salido al Tablao discográfico para hacer una raya en el agua: a un lado, un mar de modernidad; al otro, un océano de jondura. La niña se templa por bulerías contemporáneas, por chuflas estacionarias. Y sin tiempo al prejuicio abre su caja, no la de Pandora, sino la de las esencias, para extraer de ella la última de las virtudes cabales: ése no sé qué cargado de rancias propuestas en fase de extinción.

La soleá de Alcalá, arropada por el febril acento de un pianista inconmensurable -David Dorantes- en plena fiesta lebrijana, pone a tambalearse a la tierra de los panaderos por mor de un patetismo capaz de arrancar espamos de la piel. Esperanza canta con el corazón en la mano, poniendo en el altar jondo a la solera que tanto se añora en estos tiempos de alegría.

Mas no se acaba aquí su florilegio. La versión lorqueña de la Baladilla de los tres ríos, por rumba, pone de relieve el horizonte de una cantaora que se columpia entre el pasado y el futuro con displicencia, pero con soberana majestad. En la delicadeza con la que se expresa al compás del baile se corrobora la premisa. Pero en ese vaivén desconcertante y maravilloso al mismo tiempo, llega la seguiriya.

Triana a sus pies. La bajañí del Niño Josele y la letra de José de la Tomasa son testigos de un cante al que la Fernández le endosa toda su gitanería para dejar el corazón malherío con bríos rumbosos. Increíble. El trasiego del columpio es indescriptible, sobre todo cuando llega a Lebrija, donde la niña visita a su abuela para agasajarla por bulerías. La Malena, con la manta al hombro de Moraíto Chico, rebusca en el patrimonio de Antonia Pozo con sobriedad. Bendita austeridad.

Afinación, compás y equilibrio entre el antaño y el hogaño no son argumentos de los que todos puedan presumir. Y la Fernández ha puesto a dormir a los "puros" con la Nana de la Esperanza: ea, mi flamenco, ea; ole, cantaora, ole.



Esperanza Fernández
"Esperanza Fernández"

 

"A un lado, un mar de modernidad; al otro, un océano de jondura"

 
 
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