| Gerardo
Nuñez es el concertista de guitarra flamenca
prototipo de la generación nacida en los
sesenta, educada en los sones del triunvirato
Lucía-Sanlúcar-Serranito, que recibe
inicialmente una sólida formación
flamenca (su primera etapa en Jerez de la Frontera,
alumno de Rafael del Águila y luego acompañando
nada menos que a Tío Borrico, Terremoto
padre o segundando a Paco Cepero) y que encuentra
luego en Madrid la oportunidad de abrirse horizontes
por sus contactos con otras culturas musicales
o con flamencos de vanguardia como Enrique Morente,
pasando a formar parte del fenómeno urbano
etiquetado como "Nuevo Flamenco".
Si hay artistas para artistas,
con Gerardo Nuñez podemos decir que hay
guitarristas para guitarristas. Celebrado por
los de su gremio como un fuera de serie, la fama
y el respeto que goza entre los amantes de la
sonanta no corresponde a la discreta difusión
que tienen su toque y su música entre el
gran público. Y es que la personalidad
de Gerardo no concede concesiones: lo suyo es
la guitarra flamenca y su evolución, las
colaboraciones con otros géneros musicales
de calidad en igualdad de condiciones, el flamenco
entendido como arte musical sin fronteras. Con
Gerardo Nuñez, el guitarrista flamenco
ha adquirido el mismo perfil de intelectualidad
y sofisticación que el músico de
jazz, y su público suele ser el de los
melómanos. Después de El Gallo Azul
(1987) irrumpiendo con fuerza desde su nueva visión
flamenca donde la tradicional cadencia andaluza
apenas tenía cabida, de Flamenco en Nueva
York (1989) donde incidió en su orientación
hacia un flamenco urbano de vanguardia, fuera
de esquemas habituales, con grandes dosis jazzísticas
y con una técnica deslumbrante, con Jucal
(1994), sin renunciar a su afán evolutivo,
volvió a un sonido más natural y
a un flamenco más convencional, firmando
con este disco una de las grabaciones de guitarra
flamenca más importantes de la década
de los noventa.
Sus innovaciones se estructuraron
entonces en torno a tres propósitos: desarrollo
de nuevas formas de marcar la cadencia andaluza,
utilización de nuevas afinaciones y combinación
de toques. Su pulsación jerezana se aprecia
en la fuerza de su pulgar, arpegios y picados
en la bulería "Jucal" ( "Bueno"
en calé), interpretada sobre un tempo endemoniado,
donde explota la cadencia andaluza sobre la tonalidad
de re sostenido frigio y explora con ello nuevas
sonoridades.
Con el tema "Hacia mí",
compuesto en colaboración con E. Morente
y M Rius, tendremos la primera combinación
de toques, desde una rondeña inicial con
ecos de la voz de Dieguito, hoy conocido como
"El Cigala", hasta una bulería
frenética, pasando por verdiales y otra
bulería más lenta, ambos con el
cante del Cigala. El virtuosismo de Gerardo Nuñez
resulta asombroso aquí, así como
el sonido de sus veloces arpegios en los bordones:
un sonido que nos recuerda el de Sabicas, y donde
como dicen los aficionados, "la guitarra
suena a piano".
Con la seguiriya "Remache",
obra cumbre de la guitarra flamenca solista, utiliza
de nuevo otra forma de marcar la cadencia andaluza
y otra afinación. Compuesta sobre el "toque
de granaína" (Si frigio) en lugar
del tradicional "toque por medio" (La
frigio), fue todo un choque estético que
sorprendió a los aficionados que empezaron
entonces a quejarse de no identificar los toques
cuando el solista iniciaba su composición.
Una nueva actitud impresionista en el compositor
de guitarra flamenca apareció en este momento
y se pasó de la dicción a la sugestión,
sugerir más que decir. ¿Cómo
sugerir el carácter jondo de la siguiriya
sin recurrir al sonido del toque "por medio",
asociado a lo jondo desde que la guitarra flamenca
inició su andadura? Gerardo Nuñez
utilizará dos recursos: sobre todo un bajo
profundo desafinando la sexta dos tonos y medio
que pasa de Mi a Si, bajo que se encargará
de hacer sonar de forma obsesiva en su composición,
una disonancia de segunda menor en las partes
agudas desafinando la primera de medio tono que
pasa de Mi a Re sostenido. De esta manera su composición
utiliza tres colores flamencos tradicionales:
el de seguiriya dado por profundos bordones, el
de granaína por la cadencia utilizada,
el de Levante por la utilización del intervalo
de segunda menor en las partes agudas.
Con "Marques de Porrina",
la voz excesivamente gritona de Ramón el
Portugués se encargará de recordar
los tangos extremeños de su tierra y de
su familia, mientras Gerardo desarrollará
varias falsetas muy de tangos con pulgar y ligados
sobre los acordes de paso que caracterizan a los
aires extremeños.
Con "Piedras negras"
tendremos la segunda combinación de toques,
esta vez una taranta que preludia una soleá
por bulería. Destaca de nuevo el sonido
excepcional " a piano" de la guitarra
de Gerardo, especialmente en los bordones, y la
explotación de nuevas formas de marcar
la cadencia andaluza sobre otras categorías
de toques. Habitualmente tocada "por medio"
(La frigio) o "por arriba" (Mi frigio),
la soleá por bulería adquirirá
con Gerardo una jondura inaudita por ser interpretada
sobre la tonalidad de Levante, la de fa sostenido
frigio. La tonalidad de Re Mayor y los acordes
abiertos que permite es una de las predilectas
del concertista jerezano.
Con "Trafalgar" volverá
a componer otra bulería de antología,
contrastando constantemente sus armonías
abiertas en ReM con las tonalidades cercanas de
Re menor y Re frigio, librándose como señala
Alain Faucher en El Arte de Gerardo Nuñez,
vol.1 (1997) a un elocuente ejercicio de modulación
que "sobrepasa el estricto marco del género
originario".
La tercera y última combinación,
los tangos/rumba "Isa", donde fusiona
lo andaluz con aires latinos, ejecutada otra vez
sobre un tempo rapidísimo, constituirá
otra prueba del virtuosismo de Gerardo Nuñez,
con un picado arrollador a modo de improvisación
en el estribillo final. Gerardo Nuñez,
una primera espada indiscutible de la guitarra
flamenca de hoy. |