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La Macanita es desde hace varios años,
quizá demasiados, una de las más
firmes promesas del cante jerezano actual, por
el prodigio de su voz redonda y profunda, plena
de armónicos coloridos, de jerezanísima
filiación. Sin embargo, Tomasa Guerrero
no ha dado el paso definitivo a la primera línea
del cante actual, tal vez por alguna dificultad
técnica que la jerezana debe pulir, en
cuanto a ritmo y afinación. Por su parte,
Isidro Muñoz es uno de los más interesantes
compositores del flamenco contemporáneo,
labor que compatibiliza con su calidad de guitarrista,
como demuestran las interesantes propuestas ‘Omega’
de Morente o ‘Aire’ de José
Mercé. Su faceta como letrista es especialmente
destacable, dada la crisis que sufre el flamenco
actual, adaptando con frescura y buen humor a
los nuevos tiempos palos que parecían cerrados
a evolución como seguiriyas o tonás.
Guerrero y Muñoz firman
una obra muy pulida, acaso la más redonda
de la jerezana, pues siendo esa voz abismal y
plena de armónicos, lo más sobresaliente
de sus discos, jamás se había escuchado
a la cantaora tan dispuesta a luchar con sus propias
limitaciones. Y lo consigue, con creces, precisamente
en los palos más alejados de su universo
musical, por tratarse de tonos y melodías
extraños al arte jondo tradicional. Así
puede comprobarse en la canción por bulerías
‘Como comer solo’, donde el esfuerzo
de la cantaora encuentra la recompensa de una
emocionante melodía con algún salto
de riesgo. O en el pegadizo estribillo a dos voces
de la rumba ‘Ahora no’. No quiere
esto decir que nos hallemos ante un disco de flamenco
pop al uso, ni mucho menos. Los arreglos e instrumentación
discurren por cauces estrictamente flamencos y
los estribillos jamás llegan a resultar
machacones, de forma que ambos aspectos son de
la sobriedad y el buen gusto a los que Muñoz
nos tiene acostumbrados. Esta línea de
temas aparentemente más livianos, por así
decirlo, está sostenida por un suave lirismo
optimista y vital, también algo escéptico,
que trata temas de la lírica contemporánea
como la soledad en la gran ciudad o en el seno
de la pareja. Otra cosa es que el Loco Mateo fuera
maestro de soledades... Tiene también esta
parte zonas menos logradas y alguna desenfadada
estilización de elementos populares, como
las bulerías de la Plazuela en ‘Mi
mare Manuela’.
Más tradicionales en el
tratamiento melódico son las seguiriyas,
cortas y ligadas, muy jerezanas y plenas de ritmo;
las soleares de la Fernanda, donde la novedad
reside en las letras; y las bulerías a
palo seco, uno de los estilos característicos
de La Macanita, en que realiza un breve mano a
mano con la voz rotunda y sorprendente de Moraíto,
olvidado aquí de su guitarra. Del excelente
grupo de músicos de que se ha rodeado La
Macanita destaca su elegancia y contención.
Hablamos de los representantes del compás
jerezano más preciso y brillante -Bo, Chicharito
y Gregorio-, al que sumar la suave percusión
de Tino Di Giraldo. Respecto a los guitarristas,
cabe destacar el papel de Moraíto, que
tantas horas y escenarios ha compartido con la
cantaora. Y la madurez sorprendente de Diego del
Morao, responsable del acompañamiento en
la mayor parte del disco: compás estricto,
sobriedad y gusto por los graves -algo olvidados
en estos tiempos- en las falsetas, que tan bien
sintonizan con la voz de la cantaora. |