Marina
Heredia vuelve. Y lo hace combatiendo los
impedimentos de la gran industria discográfica,
con un disco autoeditado y autoproducido en
el que retrata el momento profesional que vive.
La cantaora granadina se ha desprendido de ornamentos
superfluos en su nueva propuesta, con un predominio
de la sencillez en todo el álbum. Queda
así en primer plano su quehacer vocal
como cantaora o como cantante, pero siempre
como flamenca.
Marina Heredia (Foto
Daniel Muñoz)
La cantaora granadina recurre en este álbum
al repertorio acancionado, ya sea sobre estructuras
flamencas, ya sea sobre otros géneros,
como en el caso del tema de aire argentino ‘Tango
de las madres locas’ de Carlos Cano con
el que abre el disco. Y esta opción tiene
mucho que ver con las letras, la mayoría
tomadas de poetas. De Rafael Alberti son los
versos de ‘Balada del que nunca fue a
Granada’. De José Bergamín,
‘Illo y Romero’. Y, de vuelta con
el toreo, del poeta granadino Manuel Benítez
Carrasco es ‘La gran faena’.
También Marina Heredia se atreve con
la pluma en la canción ‘Mil vidas’
y en la bulería ‘Una rosa tardía’.
Y aporta la letra de la soleá por bulerías
‘El calor de un beso’ José
Quevedo ‘Bolita’, productor
del disco. Al hilo del trabajo del guitarrista
jerezano, hay que señalar aspectos como
la sutileza de los acabados y el tono uniforme
de la producción, siempre cálido
y al servicio del trabajo vocal de la cantaora.
Aporta ahora la granadina un extra de madurez
en su cante. A lo flamenco, desborda expectativas
en estilos como los tangos granadinos (que acomete
con vibrante valentía), la soleá
y los pregones finales. Y en la tesitura de
cantante, convence con matices, solidez y personalidad.
‘La voz del agua’ es un disco transparente,
fresco y bello, muy bello.