
| Carlos Piñana, 'Manos libres' |
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Flamenco-world.com, diciembre de 2011
Tener sello propio es uno de los mayores logros de un músico. Tenerlo como guitarrista flamenco, dada la cantidad y calidad de propuestas, es un logro aún mayor. Carlos Piñana lo tiene. Y, con el peso que da la experiencia de seis discos precedentes, lo desarrolla en ‘Manos libres’. Como expresa Norberto Torres en el libreto, la base de su estilo es estar “entre el flamenco y la guitarra clásica”. Y ese doble cariz hace que su música se resuelva con elegancia y fluidez, con un exquisito control de las composiciones y de la interpretación que de ellas hace, tanto en solitario, como cuando elige tener acompañamiento. Son las dos tipologías de toques que ofrece este álbum. Por un lado, está la guitarra a solas como en la minera ‘Tarantilla’ que dedica “a la memoria de Enrique Morente”, en la rondeña ‘Con ternura’ o en la soleá ‘Trianera’ con voz de Curro Piñana. Tienen las dos primeras en común la importancia de lo que no suena, de los espacios y del aire, y también de la caricia. El toque para el cante de su hermano juega, además, a equilibrar lo personal con el referente ortodoxo.
Por otro lado, están los temas rítmicos y envueltos con elaborada compañía instrumental. Así se presenta el guitarrista levantino en este trabajo, con la rumba ‘Hacia Oriente’ que, entre coros, palmas, percusiones, mandolas y el cálido virtuosismo de la sonanta, toma un embaucador cariz moruno. El juego y la compostura se dan la mano en la ‘Bulería de Piñana’, también aderezada, pero siempre con tiento y mesura. En otro plano se sitúa el acompañamiento en ‘Templaza’, una creación muy propia por farruca que realza la idiosincrasia del estilo no por la estructura rítmica, sino por otros factores menos cuantificables como con el color, el clima, la expresión. ‘Guajirón’, sólo con palmas, voz y percusiones, realza la frescura de las idas y vueltas, para establecer un diálogo consigo mismo… de guitarra a guitarra, de aquí a allí. El zapateado ‘Naseer’ es otra historia, como un mantra continuo que avanza. Tras la rondeña y la soleá, llega la bulería ‘Cairo’ que, lejos de ser un compendio de falsetas, tiene un carácter narrativo, conviviendo la guitarra con bajo, piano y violín. Y, al final, todo se cierra con ‘Año Nuevo en Poznan’, una fantasía guitarrística intimista, nostálgica, libre… una demostración de sello propio.
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