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Remedios Amaya, la de la voz rota, la del profundísimo
rajo de ecos legendarios, está de vuelta
y en la misma senda, esto es, en la fórmula
del flamenco pop de última hornada que
tantos éxitos y pesares le proporcionara
en el pasado. Nadie puede negar que es una festera
de primera, una de las más destacadas del
panorama actual, porque su compás es sencillamente
prodigioso. Pero es que en su cante por fiesta
hay llanto, tonos menores, un deje lastimero y
veraz que rompe al tiempo que exalta.
La voz asombrosa de Remedios
Amaya convierte en estándar un éxito
del pop más reciente como ‘Sobreviviré’,
que nunca antes sonó tan nocturno, tan
doliente, tan ojeroso y verdadero. Eleva la canción
aflamencada más o menos convencional, con
estribillos pegadizos y letras olvidables -de
las que apenas podemos destacar la que firma Juan
Manuel Flores-, al rango de bellos temas sentimentales.
Es la reina de los tangos, como demuestra en varios
números de este ‘Soniquete’,
en especial el que da título al álbum,
canastero hasta la médula.
El disco incluye varios homenajes:
al grupo Alameda, mito de aquello que se dio en
llamar, a finales de los setenta, rock andaluz,
con un clásico de la banda firmado por
José Roca, que canta a dúo con Remedios
Amaya. A Camarón, con el ‘Romance
del Amargo’ lorquiano por soleá:
el acompañamiento de este tema corre a
cargo de Juan Manuel Cañizares y es lo
único original de este disco; sorpresivo
y directo, como suele ser este guitarrista, huyendo
de su propio arreglo en la versión original
(segunda) de Camarón.
Por el camino quedan también
unos tientos, un par de bulerías ligadas
de Curro Navajita Plateá, una de ellas
en homenaje -el tercero del disco- a Luis el de
la Pica, gran buleriero jerezano y singular personaje
flamenco, fallecido no hace mucho; y unos tarantos
que son poco más que una improvisación
de ese trío imprescindible del flamenco
contemporáneo: Geraldo-Benavent-Pardo.
Un álbum relajado, suave, de fácil
digestión, parido por la gracia jonda de
las multinacionales que poseen una fe ilimitada
en la reedición del milagro camaronero,
en el que nunca creyeron por otro lado, sino a
posteriori, cuando la ganancia era segura y vieron
que esto del flamenco podía resultar un
negocio si se le metía una orquesta de
cuerda (en este es la Oca la que hace las funciones
de la Royal Philarmonic).
Un órdago a un público
joven y ajeno pero que, en un momento dado, como
sus abuelos, no le hace asco a un flamenquito
y en el que, qué duda cabe, está
la presencia poderosa y solvente de una artista
de la talla de Remedios Amaya. Otra cosa es que
su voz esté llamada a empresas mayores
y se merezca, aún dentro del repertorio
puramente festero, enfrentarse a composiciones
de más enjundia. Ya lo demostró
con ‘Vente conmigo’ que ha sido, hasta
la fecha, su pico de ventas. Si es que de negocios
estamos hablando. |