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A estas alturas, nadie duda del papel que Nuevos
Medios ha desempeñado en la evolución
reciente del flamenco. Se puede incluso afirmar
que ha tenido la misma importancia que el sello
Blue Note Records para el jazz. Como el joven
berlinés Alfred Lion, Mario Pacheco, verdadero
oxígeno para un arte entonces peligrosamente
ensimismado, no sólo ha tenido el tino
de dejar manos libres a las nuevas expresiones
flamencas y de encauzar su impulso creativo renovador,
sino de estar allí para ayudarles y dar
a su proyecto una coherencia regida por criterios
de originalidad y calidad. El resultado canta
por sí solo: el catálogo del sello
reúne gran parte de los discos de flamenco
más importantes de las dos últimas
décadas. En lo que concierne la guitarra,
los nombres no pueden ser más reveladores:
Pepe Habichuela, Rafael Riqueni, Tomatito, Cañizares,
Carles Trepat, El Viejín.
Ahora que el sello celebra los
veinte años de su aparición, tiene
el buen criterio de volver a editar en formato
compacto varios de sus títulos más
emblemáticos. Los que no conocen la obra
de Rafael Riqueni ‘Juego de niños’
(muchos de cuyos temas también se recogen
en el volumen de Rafael Riqueni de ‘Nuevos
Medios Colección’) podrán
descubrir lo que el concertista trianero supuso
en su momento en la evolución de la guitarra
flamenca contemporánea.
Aunque todos los temas son relevantes,
nos detendremos en tres. Los primeros acordes
abiertos de la bulería ‘Mañana
por la mañana’ que inicia el disco
y las modulaciones en tonos menores que preceden
la resolución en Mi mayor (tono principal
de la bulería, con clara alusión
para el aficionado a la bulería de Cádiz),
crean una atmósfera insólita y una
sensación apacible poco habitual en el
flamenco de la época, apoyada por la pulsación
sutil y delicada del guitarrista. Recuerda este
toque al jazz de la New Age, en boga en los medios
musicales de los ochenta, lo que indica un espíritu
receptivo.
Sobresalen también unos
fandangos de Huelva, dedicados al legendario Niño
Miguel, cuya introducción constituye un
hito en las grabaciones de este estilo, al utilizar
de nuevo una serie de modulaciones en tonos menores,
antes de resolver con la cadencia andaluza. Y
destacamos también la soleá ‘Monte
Pirolo’ que produce un ambiente musical
inestable e inquietante. Manuel de Falla señalaba,
entre otras características de la música
flamenca, la repetición obsesiva de una
nota. La genialidad de Riqueni, como gran creador
del flamenco, es la elección del lugar
donde aportar esta nueva nota. Arte minimalista
por excelencia, expresando mucho con tan poco.
Riqueni elige la cadencia, el reposo, para aportar
tensión. Sabe que lo esperamos siempre
como conclusión de una falseta o de una
llamada. Sabe jugar con esta espera haciendo sonar
de forma anticipada otro medio tono. Esta especie
de inversión anticipada de la cadencia,
cuidadosamente interpretada en los momentos de
máximo reposo, tiene para el oído
del aficionado un efecto devastador: es el orden
transgredido en su pilar más firme, el
reposo de la cadencia, pero sin llegar a ser desorden.
‘Juego de niños’ es la sugerencia
de otro orden posible en la materia musical del
flamenco. La actitud de Riqueni en esta obra anuncia
un nuevo romanticismo en los artistas de su generación
que anhelan descomponer los elementos clásicos
del flamenco sin llegar al caos de la ruptura,
para dibujar un nuevo orden. Hoy que tocar de
forma menos agresiva desde la filosofía
del "sugerir más que decir" anima
la estética actual de la guitarra, vemos
en Riqueni a uno de los precursores más
lúcidos. Imprescindible.
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