
| Juan Carlos Romero, 'Agua encendida' |
|
M.G./Flamenco-world.com, marzo de 2011
Compuso ‘Tierra de calma’ para Miguel Poveda. Convirtió en cantes flamencos los poemas de Juan Ramón Jiménez para Carmen Linares en ‘Raíces y alas’. Y mientras tanto, iba postergando su propio disco. Pero ya llegó. ‘Agua encendida’ es la esperada muestra de la evolución musical de Juan Carlos Romero, un guitarrista personal capaz de descubrir múltiples sutilezas en la música flamenca, con un complejo trabajo armónico y rítmico que subyace bajo un sonido apto para todos los oídos... sensibles.
Tiene este álbum ese tono contradictorio que ya demarca el título: desde lo más luminoso a lo más tenue. Las composiciones de mayor brillo son ‘Portalillo de zapatero’ y la bulería ‘Sube la marea’ que, según el guitarrista, son como “abrir las ventanas para airear”. Pues la esencia de este disco está en un intimista recogimiento que a veces es desasosegado y a veces, reconfortante. Una reflexión sobre la existencia se plasma en composiciones como ‘Agua encendida’, acotada como “a ritmo de soleá” o la nana ‘Mi madre a mí me cantaba’ o la rondeña ‘Nos habitan y se van’.
Y no es un disco de cante, pero el cante que contiene -de La Susi, de José Mercé, de José Valencia y hasta de su madre Carmen- es determinante por cuanto redondea el objetivo expresivo de cada pieza. Los cantaores se adaptan a los diseños musicales establecidos por el compositor para las voces, en intervenciones sintéticas y directas que ahondan en las cualidades expresivas particulares de cada intérprete. Voces y toque se integran así en una misma música, en un mismo discurso.
|