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Luis Clemente, febrero de 2000
La guitarra de Manolo
Sanlúcar es una guitarra pensativa,
con arrugas plateadas en la frente. (Su guitarra
introvertida trabaja alrededor de la emoción
y gira hacia lo esquemático con rigor inconformista).
Se muestra en la bisagra del siglo intimista y
artesanal: su nuevo disco, grabado a dos guitarras,
voz y percusión, está hecho entre
hermanos (Isidro Sanlúcar, Carmen Linares
y Tino di Geraldo) y se nota que él controla
la grabación, incluso escribe el libreto.
Pero en el sonido hay truco.
‘Locura de Brisa y trino’
es una obra estrenada en la última Bienal
de Sevilla. Ocho años han pasado del último
disco y, dejando las obras sinfónicas,
vuelve a lo esquemático en su arduo proceso
de exploración flamenca. Con su varita
mágica conectada a la red incorpórea
de ritmos, dibuja meandros al encuentro de una
escala matriz, como llave de cierre del sistema
cadencial del flamenco.
"Cualquier dificultad provocaba
su entusiasmo", ha escrito en torno a la
participación de Carmen
Linares. La guitarra llegó a liberarse
del sometimiento cantaor y ahora es ella la que
somete a la voz, con algo de riesgo: los dos primeros
temas -algo de soleá, algo de taranto-
suman 18 minutos y, de los seis restantes, cuatro
sobrepasan los cinco. En ellos Sanlúcar
ya no toca palos definidos.
Alquimia. ‘A la puerta
Federico llama’ es lo primero que se canta
en un disco que graba a lo largo de un año,
tan revuelto como el verso que le da nombre: "Pero
mi amor busca pura / locura de brisa y trino"
(de ‘Normas’, que Carmen canta sostenida,
afligida y gloriosa, en varios palos). Un disco
sobre la angustia y García Lorca: "Su
verso es mi cobijo y en él renazco, cada
vez que mi angustia regurgita", escribe el
guitarrista en el libreto. Él se considera
un monje del flamenco (la renuncia del fajador)
y a Lorca un sacerdote de su cultura; se sirve
de los versos de ‘Diván de Tamarit’
y ‘Poeta en Nueva York’ en su desazón
creativa; está ‘El poeta pide a su
amor que le escriba’, está ‘Carta
a doña Rosita’ por alegrías
en dos versiones y hace de ‘Gacela de amor
desesperado’ una granaína.
Maestro directo de nuevas generaciones,
como Vicente Amigo y Juan Carlos Romero, Sanlúcar
es un caso aislado en el catálogo Mercury.
La búsqueda de la esencia, a sus 54 años,
fruto de la duda en su vida cotidiana, se instala
sobre un remanso de poesía con alquimia
de tonos pastel.
Más información:
Entrevista
a Manolo Sanlúcar, guitarrista
Festival
de Mont de Marsan 2002. Manolo Sanlúcar
y Carmen Linares, ‘Locura de brisa y trino’.
Reseña y fotos
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