| Cuando
debut no es sinónimo de novato. Cuando
el ayer y el hoy no quieren ser antónimos.
Cuando un segundo es un siglo. Cuando se sabe
estar delante por saber estar atrás. Ese
es el momento en el que Segundo Falcón
registra su propuesta cantaora en ‘Un segundo
de cante’, su primer álbum en solitario.
El cantaor sevillano ni elude
haber nacido en tierras de influencia mairenista,
ni su querencia por los ecos morentianos, ni su
proximidad a veces simbiótica a Arcángel
-con quien ha formado innumerables duetos de acompañamiento
al baile-, ni su gusto por lo añejo...
De lo mairenista tiene la propia cimentación
de sus entendederas cantaoras; del eco morentiano,
esa soleá apolá con batería
‘Yo sentí el doble’ o el tratamiento
melódico de cortes como la granaína;
del hermanamiento con su compadre onubense, el
caracoleo; de su gusto por lo añejo, esos
jaleos extremeños llamados ‘Son de
la feria de Zafra’ o esas seguiriyas -sin
concesiones- ‘A mi mare Carmen’ o
esos tangos firmados y compuestos por Juan José
Amador, por poner algún ejemplo.
El abanico se abre más
si cabe con una curiosa llamada a aquel ancestral
Punjab en esos “cantes primitivos basados
en la trilla y tonás livianas” en
los que se hace acompañar por músicos
del grupo Maharaja de Rajasthan... lo que, por
cierto, lo sitúa en una -en él inesperada-
senda de exploración de raigambres seguida
por Morente, El Lebrijano o Pepe Habichuela.
Una de las formas que Segundo
Falcón tiene de contemporaneizar su trabajo
son los estribillos que, sin ser radiofónicos,
aligeran no sólo tangos, sino también
fandangos como ‘Blanca luna’ (recuerdo
a Paco Toronjo mediante). También lo hace
revisando las estructuras de compás en
las que introducir las letras seleccionadas, casi
todas ellas tradicionales. Tampoco deja de optar
por la recurrente fiesta por bulerías con
colaboraciones para epilogar el trabajo. Dos Enriques,
Soto y El Extremeño, enriquecen el final
de un disco en el que Segundo Falcón juega
con bazas como la sabiduría, la amplitud
de miras y la sencillez, talante este último
que se deja ver en el preponderante papel que
toma la guitarra en el acompañamiento.
Con un matiz: un elevado porcentaje de tan portentosa
infraestructura se sustenta en el guitarrista
y compositor Paco Jarana, un habitual del segundo
plano cuya salida al ruedo no es menos esperada.
Y con una musa: Eva la Yerbabuena, que hace de
su baile acompañamiento percusivo en los
jaleos introductorios. |