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Martín Guijarro
Mirándose
dentro pero con las miras puestas en el tiempo
presente, algunos jóvenes flamencos van
encontrando otros caminos por los que hacer fluir
sus propuestas musicales. Este es el caso de ‘Son
de la Frontera’ (Nuevos Medios, 2004),
que con su primer álbum consigue lo que
pocos: sorprender. La historia del grupo es de
lo más peculiar, pues está formado
y batallado en la trastienda de la heterodoxa
tonadillera Martirio con músicos que beben
de la fuente de Morón de la Frontera y,
más concretamente, del caño de Diego
del Gastor. A la guitarra flamenca, el baile,
el cante y el compás, añaden el
tres cubano, instrumento con el que, además,
tiran del hilo musical americano. Se trata, por
tanto, de un trabajo de buceo y planeo; de un
trabajo de ida y vuelta, entendiendo el calificativo
muy ampliamente y en positivo.
Jugando con el apellido “de
la frontera”, la música que ofrece
el grupo suena a antiguo y a nuevo, suena a Morón
pero también a ‘world music’
(circuito en el que obviamente pueden hacerse
un hueco). Y todo ello a partir de las célebres
falsetas de Diego
del Gastor para tres estilos básicos:
bulerías, soleá, tangos y seguiriyas.
Con esta base, los cinco integrantes del grupo
juegan a crear un sonido diferente, riquísimo
en flamenco, pero también muy cercano a
otras tradiciones sonoras interconectadas con
lo ‘jondo’, quizás gracias
a las cuerdas metálicas del tres. No en
vano, la zambra ‘Arabesco’ remite
claramente a la sonoridad norteafricana, dando
otro prisma más al repertorio de estos
cinco ‘soneros’.
Al tender un puente entre las
dos orillas atlánticas, también
se han atrevido a investigar... y con resultados
fehacientes. El grupo ha descubierto que el punto
guajiro -creado por los campesinos andaluces asentados
en Cuba- tiene la misma estructura de compás
que la bulería y, como dice Raúl
Rodríguez -el ‘tresista’ y
director musical-, “nos hemos inventado,
por la cara, un nuevo palo: el punto flamenco”.
El descubrimiento queda plasmado en el tema que
cierra el álbum: ‘Bulería
de las flores’. De seguro que dejará
boquiabierto a más de uno.
Algo que también llama
poderosamente la atención de este disco
es que está grabado en directo en estudio,
como antiguamente pero con la tecnología
actual. Y, por tanto, lleva contenida toda la
comunicación, todo el dinamismo y toda
la vida. Hay silencio, tensión y aire.
Y todo pasa a un primer plano muy cercano, incluidos
los pies del bailaor -un instrumento más
del grupo-, los jaleos, las palmas... y esos “fantasmas”
que se cuelan en el momento. Toda una invitación
a tirar por la borda el pasaporte y a reenamorarse
del flamenco, casi demasiado a menudo, tan enfermo
de manidos clichés.
Más información:
Entrevista
a Son de la Frontera (julio, 2004) |