| Una de
las mayores cualidades-defectos de José
Fernández Torres "Tomatito" es
su cabezonería. Se ha propuesto ser concertista
de guitarra flamenca y lo está consiguiendo.
Virtuoso del toque moderno de acompañamiento,
cómodo y a gusto a la vera de Camarón,
la muerte prematura de este lo dejó descolocado
y en un difícil dilema: seguir en su papel-estrella
de tocaor o emprender una difícil carrera
solista.
Después de tanteos como
tocaor (con Morente, con Duquende, con Mercé,
con Vicente Soto "Sordera", etc.) donde
no se encontraba, decidió no ser más
banderillero, montar su propia cuadrilla y lidiar
con el toro de la guitarra. Ahora con "Paseo
de los Castaños" consolida sus maneras,
su sonido y sus orientaciones.
Maneras rítmicas de abordar
la música porque el toque de Tomatito es
sobre todo esto, un ritmo incesante que lo abrasa
todo. Tres bulerías en el disco y las tres
distintas: "Paseo de los Castaños"
en el tradicional toque "por medio",
repleta de falsetas -esas micro-composiciones,
quintaesencia de la música flamenca- ,
donde tendremos al Tomate de siempre, maestro
y domador de los rincones de la bulería.
"Dulce manantial" ya en el experimental
tono de Mib donde un tema leitmotiv sirve de base
para el desarrollo de variaciones e incluso de
partes improvisadas a la manera del jazz, (grabada
recientemente con Michel Camilo con el título
de "A mi niño José"),
pero donde incide ahora en la búsqueda
de su sonido y lleva a su terreno flamenco lo
aprendido con el pianista latino. "Ahí
te quedas", guiño donde el Tomate
parece decir a sus seguidores, los que le jaleaban
cuando acompañaba a Camarón, "aunque
estoy buscando nuevos caminos, no pierdo mi flamencura
de siempre". El soniquete y el toque jerezano
para acompañar a Luis "El Zambo"
y Fernando de la Morena constituyen la trama de
este mensaje grabado desde una bodega sanluqueña
y desde la improvisación flamenca por excelencia,
la de la fiesta, lo que nos recuerda a Moraíto
Chico y a sus discos mitad toques, mitad reuniones
de compadres. Hasta el toque por soleá
"por arriba" titulado aquí "Alquimia",
tan pastueño en los solistas de hoy, Tomate
lo entiende muy marcado rítmicamente y
se sitúa a la frontera de la bulería
por soleá.
Desde lo binario tendremos los
tangos de siempre "Pa la Pimpi", con
bordonazos de la casa, pellizcos tomateros en
el fraseo de las melodías, pero donde una
vez más apreciamos madurez en el sonido
global del grupo, con cómplices cercanos
como la voz de su hija María Ángeles,
el contrapunto a la mandola de su "discípulo"
el Paquete o el violín percusivo de Bernardo
Parrilla. El viento rítmico del Tomate
lo quema todo y hasta la samba se proclama gitana
cuando se asoma su guitarra, preludiada con "Aire
de tango", la rumba "La Vacilona"
constituye una verdadera obra de antología
en su género, nos señala la fuerza
de atracción que puede tener el flamenco
al contacto con otro lenguaje musical. Cuando
esta fuerza emana desde el prisma de la guitarra
gitana de Tomatito y seduce a la de George Benson,
el resultado nos deja con una buena sonrisa y
con más ganas de este tipo de encuentros
fraternales.
El directo de Tomatito ha cambiado
mucho desde que se hacía acompañar
por los hermanos Carmona de Ketama. Entonces era
más una reunión esporádica
de artistas que un grupo, hoy ha conseguido hoy
una formación estable, cohesionada, completada
recientemente por el contrabajo de Javier Colina,
equilibrando graves y agudos desde la expresión
impetuosa que lo caracteriza. Es la consolidación
de un sonido construido desde una dinámica
esencialmente rítmica lo que apreciamos
en Paseo de los Castaños. Ayudado por la
producción de Isidro Muñoz tanto
en el diseño general de los temas como
en las mezclas, después de varios titubeos,
el sonido de Tomatito es hoy una realidad.
Después de ser tocaor
e interpretar solo flamenco, Tomatito ha decidido
abrir otras puertas y enriquecerse musicalmente.
Encontramos a varios Tomates en este disco: solo
por taranta en "Macael" con la influencia
de las armonías del guitarrista argentino
Luis Salinas, excesivamente lírico a nuestro
gusto en la canción turca "Bir Ömürlük
Misafir", multiplicado en sus bulerías,
jazz-gitano en la rumba, flamenquito en los tangos,
cabal en la soleá, pero todos unidos por
una misma lectura rítmica de la música
y por un mismo sonido ya personal. Acaba de abrir
estas puertas y ya notamos el feliz resultado.
Solo le queda seguir viviendo y madurando estas
experiencias para crecer como guitarrista y como
flamenco y nosotros disfrutar con su música. |