Antonio Ruiz Soler (Sevilla, 1921/ Madrid, 1996). Bailarín y bailaor
Pareja de Rosario hasta 1952. Inmediatamente de producirse la separación de ésta el bailarín comienza a forjar su primera compañía en solitario. Antes del debut creó para la película Duende y misterio del Flamenco el baile por martinetes. Martínez de la Peña señala la transformación que en ese momento experimenta el trabajo de Antonio, quien de ser un excepcional bailarín tiene que afrontar otros menesteres inherentes a la gestión de una compañía de ballet. "Como director mantiene sus espectáculos a un alto nivel artístico. Hace una labor completa: monta, escenifica y hasta dirige la luminotecnia creando unos efectos de luz que serán muy repetidos posteriormente. Como coreógrafo tiene capacidad para mover grandes masas que danzan con pasos precisos, perfectamente sincronizados. Su Compañía alcanza el nivel de los Ballets europeos. Las coreografías que hace tienen pasos ricos y variados. Administra gracia o severidad según los ritmos que utiliza. Hay mucho estudio debajo de cada baile".
En aquel año y los siguientes Antonio desarrolla probablemente su más fértil etapa de creación, pues es constante el estreno de nuevos títulos o la recuperación de otros que ya había bailado con Rosario. En sus programas conviven distintas formas de la danza española, como el clásico, el folclore y el flamenco, y en todas deja constancia de su genio; no es sólo su etapa de mayor actividad, sino también la de una capacidad creativa de niveles realmente extraordinarios. Haremos mención de temas que tuvieron una mayor trascendencia: Suite de Sonatas del Padre Soler, El segoviano esquivo de Matilde Salvador, El Amor Brujo de Manuel de Falla, El sombrero de tres picos HP860, tanto en Hollywood como en España. Antonio fue un ídolo sin parangón posible en sus años de máximo apogeo. Se codeaba con las primeras personalidades del arte universal, con personalidades de la realeza, de la aristocracia, era personaje frecuente en las revistas del corazón, le atribuían idilios de la más variopinta naturaleza. Fue uno de esos raros seres, en fin, que conviven en sí mismos con la frivolidad y el genio sin ningún trauma interior aparente. En 1979 dejó de bailar. En 1981 le encomendaron la dirección del Ballet Nacional de España, que bajo su mandato vivió una etapa bastante conflictiva y acabaron despidiéndole, tres meses antes de que terminara su contrato. Una grave enfermedad, que le relegó a una silla de ruedas, tuvo el desenlace esperado apenas iniciado 1996.
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