Manuel Ríos, Mojigongo (Sevilla, siglos XIX y XX). Bailaor
Primo del primer Faíco, mejoró según Puig Claramunt el baile de la farruca hecho por éste y por Ramírez. Luis Capdevila dejó de él un retrato lírico en su novela Las mujeres, la noche y el amor: "¡Alma de Mojigongo! ¡Alma que te fuiste bailando al otro mundo! Mojigongo era alto, magro, de color de barro cocido, pero muy cocido, con un pelo negro y fuerte retorcido en dos cuernecillos sobre la frente. Así cobraba su rostro un aspecto de demonio muy gracioso. Tenía los ojos rojos y el mentón pronunciado. Se ceñía el pantalón, el pantalón de odalisca, a su muslo, como las mallas se ciñen al muslo de una bailarina. Cuando le invitaban en alguna mesa de habituales, cogía el chato de áurea manzanilla con una mano, mientras apoyaba la otra en la cadera, lo alzaba religiosamente, bebía un sorbo, y abandonaba el vaso sobre el velador, sonriendo. Paseó sus bailes apasionados y furiosos por toda Europa. Fue amigo del kaiser Guillermo, y guardaba de él un retrato, cálida y efusivamente dedicado". Imagen que no se corresponde con la que Julián Cañedo nos dejó en "La barba roja", probablemente mucho más real: la de un gitano "más feo que un tiro", picado de viruelas, al que vio bailar en el Café de la Victoria. |