Silverio Franconetti Aguilar. Sevilla, 1829 - 1889. Cantaor. Gigante de la Edad de Oro, que dominó su época y ha tenido un relieve grande en toda la historia del flamenco. Aunque carecemos del testimonio de su voz grabada, todo lo que hemos podido saber acerca de su cante lo perfila como una personalidad de trascendencia impar. Silverio pasó su infancia en Morón de la Frontera, donde había abierto tienda de sastrería un hermano mayor, estando la familia empeñada en que aprendiera el mismo oficio. Pero el chiquillo estaba ya loco por el cante, y se escapaba para oírlo en una herrería de gitanos próxima a su casa, lo que le acarreaba no pocos disgustos. Demófilo, que fue amigo de Silverio y escribió su primera biografía, dio testimonio fehaciente: "A la irresistible tentación que a nuestro cantaor ofrecía (tenía apenas diez años) aquella para sus padres maldecida fragua, a su decidida vocación por el cante y a sus excelentes condiciones para él, unióse, por entonces, una circunstancia que vino a hacer más difíciles aún los propósitos de su madre, ya viuda, y más fácil el logro de las aspiraciones del joven artista. Fue esta circunstancia, que El Fillo, asombro de las gentes, comenzó a ir con frecuencia a Morón, y viendo a Silverio con tan felices disposiciones para el cante gitano, le animó a cultivarlo, fomentando así la insurrección de éste contra los deseos de su madre, reducidos a ver cuanto antes a su hijo, que cantaba ya más que un canario, ocupado exclusivamente de su oficio. Pero inútil empeño; el pájaro acabó por escaparse de la jaula: Silverio, después de pasar una temporada en Sevilla, donde abandonó completamente su oficio por el cante flamenco, y donde se negó a aprender música a pesar de las muchas personas que así se lo aconsejaban, deseosas de que no se malograsen sus excelentes condiciones de voz y de estilo, pasó a Madrid, en cuya ciudad comenzó a dar conciertos, siendo uno de los iniciadores de esta afición". Poco después Silverio hizo un viaje a América no suficientemente conocido. Estuvo durante varios años en Argentina y Uruguay, "ocupándose de picar toros en los tiempos de paz y a servir en los tiempos de guerra a los ejércitos de la República del Uruguay, donde llegó a obtener el grado de oficial". Al retorno, bien metido en carnes, con la barba corrida y aspecto de indiano rico, se metió en seguida en juerga y, ya avanzada la madrugada, pidió al maestro Patiño que le acompañara por siguiriyas. Los flamencos le miraron con ganas de echarse a reír, pero su primer grito siguiriyero les hizo enmudecer a todos, y por él le reconocieron: así sólo podía cantar el "señó Silverio". María Borrico, invitada a cantar después de él, se negó en redondo: "¿Cómo quieres que cante si ese gachó de las barbas me ha estemplao?". A partir de su regreso de América se registró la etapa de mayor actividad artística de Silverio, siempre marcada por una notable dignidad. Dirigió cafés cantantes, fundó otros y contrató para ellos a los mejores artistas. Cantaor enciclopédico, según Fernando el de Triana el único que todo lo cantó absolutamente bien.
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